LOM Ediciones. Concha y Toro 23, Santiago
Prólogo
Humberto Maturana Romesín
Todo lo dicho es dicho por un observador a otro observador que puede ser él o ella misma.
Ley sistémica # 1
Vivimos un momento en la historia de nuestra conciencia en muchos dominios, que nosotros en Matríztica lo distinguimos como un momento de trasformación cultural. Sin duda estamos inmersos en ese proceso y parte de él tiene que ver con el modo en que lenguajeamos, con el modo en que sentimos y con cómo vemos el mundo que aparece con nuestro vivir y convivir. Sin duda estamos mirando al dominio de la biología de otro modo, un modo en que nunca en la historia se lo había visto. Fue la filosofía primero, la física después; ahora está empezando a asomar la biología como una fuente de soluciones a preguntas y problemas históricos sobre nuestra existencia humana. No hace falta mencionar el tremendo avance en los estudios biológicos en sus distintas áreas, donde el crecimiento en los últimos 60 años ha sido asombroso. ¿Pero cómo generar espacios de inclusión, bien-estar humano y ecológico con estos avances y descubrimientos si seguimos inmersos en el mismo trasfondo epistemológico que nos divide? ¿Basta solo con la biología?
La epistemología básicamente tiene que ver con lo que validamos o no en nuestro vivir y convivir, y como humanidad, hemos hasta ahora conservado una epistemología que tiene ver con hacer referencia a la realidad como fin último de nuestro explicar, sobre todo en Occidente, donde adquiere un carácter trascendente que no tiene que ver con el operar del observador. Nosotros en cambio hablamos en Matríztica de epistemología unitaria. Nos estamos encontrando cada día más con la mirada hacia nuestro vivir y nuestro hacer como observadores en el observar, a la biología del observador; y todos estos intentos, como el presente libro que usted, querido lector o querida lectora, está leyendo, tienen que ver con empezar a caminar en la biología del observador, a entrar en la invitación a mirar nuestra biología como seres humanos, como punto de partida en nuestra experiencia y desde ahí mirar los fundamentos de nuestro vivir y convivir, para entenderlos y verlos; en otras palabras, para entender cómo hacemos lo que hacemos como observadores en nuestro vivir y convivir.
Los seres humanos explicamos lo que hacemos en la realización de nuestro vivir con las coherencias sensoriales-operacionales-relacionales de lo que hacemos en la realización de nuestro vivir, y al explicar lo que hacemos en nuestro vivir, el cosmos surge como una proposición explicativa sistémica-sistémica-sistémica de lo que hacemos y vivimos en nuestro vivir.
Ley sistémica # 2
Una explicación es la generación de un mecanismo generativo o proceso que si un observador u observadora deja operar daría como resultado lo que se desea explicar, y se convierte en una explicación cuando se acepta desde los gustos, las preferencias, esto es, desde los sentires íntimos que se viven y conservan. Las explicaciones son relaciones interpersonales, tienen que ver con las relaciones humanas; no son modos de describir la realidad, no son modos de descubrir un mundo independiente de nuestro operar, son modos de relacionarnos.
En nuestro vivir, en el lenguajear y explicar, existimos en dos dominios que no se intersectan: el dominio en donde toma lugar el mecanismo generativo y el dominio en el cual el fenómeno explicado ocurre. Por lo tanto no son ni constituyen una reducción fenoménica. En otras palabras, en la medida que uno explica, uno no reduce un dominio en el otro. Ahora, las explicaciones, una vez que se aceptan, también se trasforman en experiencias, y las experiencias son distinciones que hacemos de lo que nos pasa en nuestro vivir y convivir; y tampoco constituyen maneras de hacer referencias a una realidad externa: tienen que ver que con nuestro vivir y convivir, tienen que ver con nuestros sentires íntimos, con nuestras emociones. Y las emociones, como dominios o clases de conductas relacionales, abren o cierran espacios de encuentro (o desencuentro) con nosotros mismos, los demás o lo demás; esto es, especifican las acciones propias de los dominios relacionales que nuestras emociones generan.
La realización del vivir humano no es de cualquier manera, y es por eso que todo lo que hacemos surge definido desde las coherencias sensoriales-operacionales-relacionales de la realización de nuestro vivir y convivir, y es por eso que los mundos que generamos aparecen como ámbitos de coherencias sensoriales-operacionales-relacionales que surgen de la conservación de esas coherencias sensoriales-operacionales-relacionales fundamentales en todo lo que hacemos. Nada es caótico en sí mismo, todo surge en una matriz sensorial-operación-relacional que le da sentido, genera y sustenta.
Cuando hablamos de que todo lo que hacemos, distinguimos o explicamos ocurre en el ámbito de las coherencias sensoriales-operacionales-relacionales de la realización de nuestro vivir y convivir en nuestro operar biológico-cultural como seres humanos, hablamos de epistemología unitaria , diciendo que el vivir humano es de naturaleza biológico-cultural y es el fundamento operacional-relacional del universo que vivimos, y que surge al explicar las coherencias sensoriales-operacionales-relacionales de nuestro vivir. Y esto lo decimos porque sabemos que el universo surge como una proposición explicativa de nuestro vivir al explicar todo lo que hacemos, pensamos y sentimos en la realización de nuestro vivir usando las coherencias sensoriales-operacionales-relacionales de la realización de nuestro vivir. Si comprendemos esto no habrá división y podremos recuperar siempre nuestro centro como seres humanos.
Otro aspecto importante que toca el libro es el tema de las conductas amorosas, que es un tema fundamental. Los seres vivos y los seres humanos en especial nos constituimos como seres amorosos, que surgimos de una matriz que nos nutre, contiene y nos hace posibles, generando el espacio de buena tierra en nuestro vivir y convivir. Hemos hablado mucho de esto, pues, pensamos, es un tema fundamental desde una dificultad cultural muy grande en entender tanto el carácter fluido de nuestras dinámicas emocionales, como que las diferentes emociones como diferentes dominios de conductas relacionales no constituyen necesariamente uniformidad de acciones ni de relaciones, y que si lo hacemos, solo tiene que ver con nuestra actitud cultural de clasificación. La conservación de la relación materno-infantil de amorosidad dio origen a la familia ancestral, en donde lo humano pudo surgir.
Amar, sin lugar a dudas, es la emoción fundamental en nuestra historia evolutiva humana, y si no la entendemos como tal, la deriva evolutiva cultural que seguiremos será de discriminación, dolor y separación.
Esta actitud occidental de que con nuestras distinciones revelamos aspectos de una realidad objetiva, nos ciega a ver que es la operación de distinción del observador la que especifica los objetos como sus bordes (operacionales) de lo que distinguimos y sentimos es un mundo objetivo, y no vemos que las diferentes emociones en el continuo fluir relacional de nuestro convivir surgen como modos de relacionarnos, que hemos conservado en nuestra deriva filogenética en la historia de los organismos. Este libro transita ahí, transita en el cambio de mirada hacia la comprensión de nuestra naturaleza humana; transita hacia la mirada de la biología del observador; transita hacia una comprensión biológico-cultural humana, que es lugar donde conscientemente nos devolverá al centro de nuestro vivir y convivir.