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Sofi Oksanen - Las vacas de Stalin

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Sofi Oksanen Las vacas de Stalin

Las vacas de Stalin: resumen, descripción y anotación

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TRES MUJERES TRES GENERACIONES: LA HISTORIA DE UNA EUROPA DIVIDIDA ENTRE EL ESTE Y EL OESTE, EL HAMBRE Y LA BULIMIA. Anna no está dispuesta a creer en las malas consecuencias de la bulimia salvaje que padece. ¿Qué puede haber de malo en algo que le proporciona un placer comparable al del sexo y hace que se sienta divina? Perdida en sus obsesiones, necesita controlar su destino y no quiere repetir los errores de su madre, Katariina, que huyó de la Estonia soviética a Finlandia y desde entonces malvive entre la paranoia y la amargura. Del otro lado de la frontera, la abuela de Anna, Sofia, subsiste como la memoria descarnada del absurdo estalinista. CUANDO LA HISTORIA SE NOS HA GRABADO EN EL CUERPO, ATRAVESAR LA FRONTERA PUEDE SER FATAL.

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TRES MUJERES TRES GENERACIONES:
LA HISTORIA DE UNA EUROPA DIVIDIDA ENTRE
EL ESTE Y EL OESTE, EL HAMBRE Y LA BULIMIA.
Anna no está dispuesta a creer en las malas consecuencias de la bulimia salvaje que padece. ¿Qué puede haber de malo en algo que le proporciona un placer comparable al del sexo y hace que se sienta divina? Perdida en sus obsesiones, necesita controlar su destino y no quiere repetir los errores de su madre, Katariina, que huyó de la Estonia soviética a Finlandia y desde entonces malvive entre la paranoia y la amargura. Del otro lado de la frontera, la abuela de Anna, Sofia, subsiste como la memoria descarnada del absurdo estalinista.
CUANDO LA HISTORIA SE NOS HA GRABADO
EN EL CUERPO, ATRAVESAR LA FRONTERA
PUEDE SER FATAL.

Sofi Oksanen
LAS VACAS DE STALIN
FB2 Enhancer
Título original: Stalinin lehmät
Traducción: Ursula Ojanen y Rafael García Anguita
© Sofi Oksanen, 2003
© 451 Editores, 2008
Diseño de portada: holamurray.com
Depósito legal: Z.3261-08
ISBN: 978-84-96822-56-6
PRIMERA PARTE
MI
PRIMERA
VEZ fue diferente de lo que había imaginado. Creí que sería horrible, complicado, sucio, viscoso. Creí que sangraría y que se me revolverían todavía más las tripas. Creí que nunca llegaría a hacerlo, que no sería capaz, que no lo desearía, pero en cuanto escuché el crujir de las paredes abdominales, mi cuerpo decidió por mí. No hubo alternativa.
Fue divino.
La llama del mechero iluminó mis ojos brillantes y lánguidos. El primer cigarrillo después de la primera vez. También fue divino. Todo fue divino.
Los únicos signos que pudieron advertirse fueron la satisfacción y el júbilo. Tal vez la voz me saliera algo arenosa y quebrada, pero qué importaba.
Y yo sabía que también habría una segunda vez. Una tercera. Una centésima. Por supuesto, no a todas les pasa lo mismo: para algunas, la primera vez es también la última, pero desde lino que no para las que lo hacen bien y son buenas con Él.
Yo fui buena desde el principio.
Eso sí, por mi experiencia, la primera vez vomité en el lavabo. También la segunda. Quizá hacerlo en la taza me pareciera algo indigno, algo humillante. En el lavabo no hace falta arrodillarse, pero una tiene que tener muchísimo cuidado para no atascar el desagüe. ¿Cómo se salva semejante situación estando de visita, por ejemplo? Sí, cuando queda vómito flotando en el lavabo y no logras desatascar el desagüe y no encuentras nada para achicar la papilla. En los cuartos de baño suele haber vasos con cepillos de dientes, pero fregarlos sin dejar rastro resulta poco menos que imposible: el dueño notaría los restos de jabón y, además, ningún producto es capaz de cubrir el olor del vómito.
La ducha es apropiada porque ahoga el ruido y casi siempre se puede sacar la rejilla del sumidero; pero una no puede ir cada dos por tres a pegarse una ducha. Sin embargo, sí se puede ir al servicio. Se considera normal ir a empolvarse la nariz. Y todo el mundo entiende que las mujeres se entretengan un poco en el servicio, por lo que no tienes que darte excesiva prisa; hay tiempo suficiente para echarlo todo y asearse bien.
Desde hace catorce años soy toda una experta haciéndolo; solo se han enterado cuando lo he contado yo, y aun en esos casos la gente no quiere conocer los detalles de la historia. Los pocos que sí, se sienten desorientados ante Él. Tan poderoso es mi Señor y Creador, y tan propicia yo para Él, en cuyo fuerte abrazo florece mi carne femenina tan solo con obedecer y respetar profundamente a mi Señor. Entonces Él me da lo que quiero, un cuerpo de mujer perfecto, perfecto para mí, perfecto para mi Señor, perfecto para el mundo. Y mi cuerpo femenino perfecto me hace una mujer perfecta. Una mujer buena. Una mujer deseada. Una mujer inteligente y envidiable. Una mujer a la que miran. Una mujer a la que admiran. Beauty hurts, baby.
1971
Katariina llega a su primera cita con más de media hora de retraso, pero, a pesar de todo, él sigue esperándola. El hombre finlandés espera. No aceptó sus negativas a bailar la semana pasada, sino que insistió tanto que Katariina no tuvo más remedio que aceptar. El hombre no paraba de preguntarle en finés por qué no quería, y Katariina no estaba segura de qué podría entender él si ella contestaba que simplemente no le apetecía bailar, que estaba cansada, que solo había salido para acompañar a su amiga, quien tampoco había dejado de insistir repitiéndole que iban a pasárselo muy bien en Rea, de verdad, ¡salgamos! Más tarde descubrió que Rea no era la cafetería que ella había creído al principio, ni mucho menos; se trataba de un restaurante especial y las chicas buenas no van a restaurantes especiales sin estar acompañadas de un caballero. Aunque lo primero que hizo fue lamentar la equivocación de las jóvenes, al final el encargado no las echó y las condujo a un lugar bastante discreto, e incluso fue a verlas en varias ocasiones para comprobar de un vistazo que todo iba bien. Así que Katariina tenía motivos de sobra para no querer bailar. Eso fue lo que pasó.
Pero el finlandés había vuelto a pedirle a Katariina que bailara con él; tras el primer baile dijo kiitos y condujo a Katariina a la mesa, pero enseguida quiso volver a bailar otra pieza, y otra, y otra más, y Katariina recibió más gracias en finés al terminar cada baile. Kiitos, pues, fue la primera palabra en finés que Katariina aprendió.
Acalorada por las prisas, Katariina se sentó a la mesa que ocupaba aquel finlandés que la había estado esperando y dijo que quería un café con coñac. El finlandés no parecía enfadado en absoluto por el retraso de Katariina, ¿acaso podía enfadarse? Y, además, ella apenas podría quedarse un rato en la cafetería. Mientras Katariina hurgaba en su bolso pensando en cómo decírselo suavemente, se le cayeron dos grifos y un pomo envueltos en papel de periódico, y aquella torpeza suya la obligó a sacar el tema de una vez porque la expresión del finlandés exigía una explicación; no era normal que del bolso de una joven con minifalda se fueran cayendo artefactos propios del sector de la construcción, artefactos que, además, ensucian las manos y la ropa de las mujeres cuando acuden a sus citas.
Katariina le cuenta que tiene que ir a cambiarlos por unas tuberías que necesita para la obra que tiene entre manos.
¿La obra que Katariina tiene entre manos?
Pues sí, Katariina trabaja como jefa de obras. ¿No se lo había contado cuando el finlandés le dijo que trabajaba en la obra del hotel Viru? Katariina lee en el semblante del finlandés que si no se le hubieran caído los grifos y el pomo, no la creería. Eso a Katariina le resulta inaguantable y, con gestos ofensivos y altaneros, le informa de que ha de irse inmediatamente a cambiar las piezas. En realidad, solo tiene que ir al restaurante que está al otro lado de la calle. Un ingeniero que trabaja en otra empresa la espera con una bolsa llena de juntas para tuberías. Y por cierto que, si Katariina había accedido a encontrarse con el finlandés justo allí, era solo porque le pillaba de camino. Quizá en Finlandia una mujer no pueda ejercer de jefa de obras, pero en el país de Katariina sí.
Aquí, en cambio, no existe la hora del café, dice riendo el finlandés.
¿Hora del café?
El finlandés promete explicarle lo del café si Katariina vuelve a sentarse y se toma el coñac.
Katariina se sienta en el borde de su silla.
La hora del café es un cuarto de hora obligatorio para tomar café.
A Katariina esto le parece extraño. ¿Por qué tiene que haber un cuarto de hora obligatorio para tomar café? ¿Y tampoco se trabaja los sábados?
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