120 días con Ayurveda
Una manera de vivir
Primera edición: 2019
ISBN: 9788417947125
ISBN eBook: 9788417947620
© del texto:
María Fernanda Montoya Rincón
© de esta edición:
CALIGRAMA, 2019
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Impreso en España – Printed in Spain
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A mi amada hija, que es el ángel que custodia mi alegría
Introducción
Crecí con un padre amante de la música, que inundaba, la que siempre será mi casa, con un sonido que nos remontaba a diferentes épocas de la historia musical. Siempre nos decía a mis hermanos y a mí: ¿Quién es ese? ¿Quién canta?. Y nosotros sin saber, o a veces, fingiendo que no sabíamos, contestábamos: ¿Quién? ¿Quién? Para escucharle decir: es Joe Cocker, o Rod Stewart o David Bowie o los Rolling o uno de sus grupos favoritos Earth, Wind and Fire… Todo esto aderezado con una gran carcajada, que nos hacía creer que la vida siempre sería divertida.
Cada momento tenía una banda sonora, «un soundtrack». Actualmente al escuchar algunas de esas canciones, viajo a diferentes etapas de mi vida o a las historias que mis padres me han contado acerca de las suyas: Con esta canción nos conocimos tu madre y yo, esta fue la primera canción que bailamos, esta es de la época en la que tú naciste, o cuando estaba de moda esta canción yo estaba en la facultad, etc… Así que mi vida está hecha de música y alegría.
Antes pensaba que ser más sensible o asociar momentos de mi vida a la música, era algo que sólo me pasaba a mí, pero luego me di cuenta de que a todos nos sucede algo parecido, según sean las condiciones bajo las cuales nos hemos desarrollado y la sensibilidad de nuestros cinco sentidos para traer información del medio que nos rodea.
Años más tarde descubrí que todo en nuestra vida es Ayurveda, porque la manera cómo asimilamos y vivimos nuestra vida se corresponde con nuestra naturaleza.
Estamos todos conectados en una gran matriz de inteligencia e información que hace que seamos uno, por lo que todo en este universo es igual para todos, pero, a pesar de estar bajo las mismas leyes universales, funcionamos diferente según sea la proporción de los elementos universales en cada uno de nosotros.
Seguramente para ti, la música no es tan determinante, probablemente tu vida está hecha de aromas: De aquellos olores de tu infancia, del olor de tu abuela, del olor a madera de tu primer amor, del olor a cera de tus dibujos, de aquella escuela u oficina, del olor del mar o de la tierra mojada, del olor a asfalto o a smog, del olor a pino o a vainilla.
A lo mejor tu vida está hecha de sabores: Del sabor a jugo de guayaba que te dejaba tu abuela en la nevera, de dulce de lechoza, de jalea de mango, de canelones, de chocolate o de turrón... O tal vez son las imágenes las que definen los momentos de tu vida: El recuerdo de aquella playa, aquella calle que al cruzar te traía galletas María y leche condensada, aquella plaza o aquel parque, la primera sonrisa de alguien que te gustaba mucho, de aquella ventana que justo daba con la tuya al asomarte o de aquel trayecto que hiciste durante años y ahora ya no tienes que hacerlo más.
También tu vida puede estar hecha de sensaciones, a lo mejor son abrazos, caricias o besos, tal vez recuerdas cuando alguien especial te ha tomado de la mano, el primer beso de tu hijo/a, las caricias de tu madre, la sensación de apretar los cacheticos apretados de tus hermanos o aquella palmada en la espalda que llegó justo cuando más lo necesitabas… Bueno, en mi caso, los momentos de mi vida están hechos de música, y hasta tengo playlists con ellos.
Nuestra vida son nuestras percepciones y vivimos en un universo lleno de ellas. Cada uno captará a través de su cinco sentidos aquellas con las que tenga mayor o menor afinidad, según su naturaleza.
• La música, la relacionamos con el oído (Espacio-Vata)
• Las sensaciones o caricias, las relacionamos con el tacto (Aire-Vata)
• Las imágenes, las relacionamos con la vista (Fuego-Pitta)
• Los sabores, los relacionamos con el gusto (Agua- Kapha. También un poco Pitta)
• Los aromas, los relacionamos con el olfato (Tierra-Kapha)
Cuando nacemos entramos en un juego destinado a hacernos olvidar nuestra esencia de amor, vamos formando muchas capas (sin darnos cuenta) durante esos primeros años de vida y de ahí en adelante. Todo este proceso está dirigido por nuestros cinco sentidos (que son los que nos traen información desde el exterior), y controlado por nuestra mente, porque necesitamos formar una personalidad, así creamos un mundo según nuestros condicionamientos y percepciones que definirán quiénes somos en el mundo material.
El Ayurveda es ese conocimiento que nos lleva más allá de nuestros sentidos y esos patrones de conducta aprendidos desde nuestra infancia. Es la ciencia que nos ayuda a descifrar el código que rige nuestras tendencias y reacciones a través de todo el aprendizaje adquirido (que para cada uno será diferente), y que se relaciona directamente con la naturaleza de nuestra existencia y la misión que venimos a desempeñar en esta encarnación. Es por esto que la palabra Ayurveda significa, conocimiento o ciencia de la vida, y esta es también la razón de que todo en nuestra vida tenga que ver con el Ayurveda.
Para esta sabiduría milenaria somos un microcosmos del macrocosmos, esto quiere decir, que cualquier cosa encontrada en el universo también está dentro de nosotros.
Todos estamos hechos de tres energías (Sattva-Rajas-Tamas) que dan lugar a cinco elementos (Espacio-Aire-Fuego-Agua-Tierra) que a su vez se expresan en nosotros a través de tres fuerzas (Vata-Pitta-Kapha) y así, de manera muy general, explica la filosofía Samkhya (una de las seis escuelas de la filosofía hindú y la base del Ayurveda y el Yoga) la creación del universo. Donde a partir de una fuerza creativa que busca expresarse y adquirir experiencia a través de cada una de las personalidades se forma el universo material, con el único objetivo de jugar, de adquirir experiencias, para luego volver a hacer ese viaje de regreso a esa energía original. Es justamente este proceso lo que llamamos la autorrealización del Ser, y que a mí me gusta llamar el Michael Jackson del Samkhya cuando lo estoy enseñando a mis alumnos, porque es así, es como ese paso de baile que él hacia deslizándose hacia atrás, y que nosotros también debemos hacer para regresar a esa unión con Dios.
Para mí, el Ayurveda es como la canción Dust In The Wind (Polvo En El Viento) escrita por Kerry Livgren, un cantautor estadounidense, fundador y principal compositor de aquel grupo de rock estadounidense Kansas de los 70. Por sincronías del universo, esta canción fue grabada y lanzada en 1977, justamente el año en el que nací.
¿Has escuchado esa canción? Yo la he escuchado miles de veces y siempre me dejaba esa sensación de no pertenecer al mundo material… Tal vez, no necesitamos entender la letra para sentir lo que desea expresarnos. Cuando yo estaba pequeña, la escuchaba y no la entendía, pero si sentía ese violín… Con el tiempo, pude entenderla y darme cuenta de que habla del desapego, del momento presente y de cómo esta materia es temporal. De cómo hay un océano que lo abarca todo y cada uno de nosotros es una gota que debe darse cuenta de que es parte de ese océano.
Es como si todas esas creencias que vamos acumulando desde el día en el que nacemos, formaran un vaso de cristal que nos hacen caer en la ilusión de que somos eso, un simple vaso lleno de agua, y no el océano. ¿Agua limitada por un vaso? No podemos estar presos… y para romper ese vaso de cristal y experimentar cómo nos fundimos con nuestra libertad (Moksha), con nuestra esencia, necesitamos una manera de vivir que nos lleve más allá de nuestros sentidos. Necesitamos conectar con esa matriz mágica u océano que hace que nos demos cuenta de que todos en lo más indivisible de nuestro Ser estemos hechos de lo mismo. Esto es lo que quiere transmitirnos la sabiduría del Ayurveda.
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