¿Se imaginan cómo sería la reacción de las chicas si en realidad se dieran cuenta de cómo las miran los chicos?
—David A.
No sé por qué la gente se incomoda tanto con el tema de la desnudez. Así fue como Dios nos creó. Yo creo en «si lo tienes, muéstralo». Me refiero a las mujeres, desde luego.
—Geoff V.
Pienso mucho en las chicas. Y realmente quiero decir ¡mucho! Casi en todo momento. ¿Tendré algún problema?
—Vicente
La idea de escribir este capítulo me vino a la mente un viernes por la noche cuando me encontraba cambiando el sistema de riego de mi jardín. Mientras atravesaba el patio trasero, me di cuenta de que las luces de la casa de mi vecino estaban encendidas. Me llamó la atención y me pregunté por qué mis vecinos permanecerían levantados hasta tan tarde, así que me aproximé y miré a través de la cerca. Esperaba ver un grupo de personas jugando cartas alrededor de una mesa, o algo así. En lugar de eso descubrí a una joven y bella mujer sentada en el sofá hablando por teléfono. Nada por lo que alarmarse ¿verdad? ¡Mentira!
La mujer estaba desnuda.
Al instante mis ojos se fijaron en ella. Un flujo de adrenalina subió por todo mi cuerpo. Mi corazón empezó a palpitar muy fuertemente. Mi respiración cambió y se tornó silenciosa. El mundo a mi alrededor parecía desvanecerse mientras mis ojos contemplaban esa visión inesperada que se hallaba ante mí.
Después de contemplarla por algunos segundos, me las ingenié para alejarme de esa cerca. Mientras caminaba de regreso a casa un poco asustado y con mucha curiosidad, no tanto por la mujer sino por mí mismo, una pregunta rondaba en mi cabeza: ¿Por qué tuve semejante reacción al ver el cuerpo de una mujer? ¿Por qué la belleza de su desnudez me había afectado tan fuertemente?
Tal vez hayas tenido una experiencia similar, tan accidental y furtiva como esta. O quizás tu primer exposición a la desnudez femenina haya provenido de hojear una revista, o de navegar en algún sitio para adultos en Internet, o de ver alguna película en el cable a altas horas de la noche.
Cualquiera haya sido tu experiencia, apuesto a que recuerdas perfectamente cómo reaccionaste ante ella. La pregunta es: ¿Por qué reaccionaste de esa forma? ¿Qué es lo que tiene una mujer desnuda que le impide a un muchacho actuar dentro de sus cabales? ¿Qué es lo que provoca que de repente todo lo demás carezca de interés e importancia?
Esas son las preguntas en las que me voy a enfocar en este primer capítulo. Una vez que entendamos por qué reaccionamos como lo hacemos, podremos explorar saludablemente las maneras que Dios tiene para tratar con nuestros sentimientos e impulsos sexuales de modo que le resulten agradables.
UNA OBRA DE ARTE
La primera y más obvia razón por la que los hombres reaccionamos tan intensamente al ver una mujer desnuda es porque el cuerpo de una mujer es una obra de arte. Podemos decir que es la obra maestra del mejor de los Artistas. Génesis 1 nos cuenta que Dios creó el universo, la tierra y todos los seres vivientes en seis días.
Génesis 2:21-22 nos dice que Dios hizo caer a Adán, el primer hombre, en un sueño profundo. Mientras Adán dormía, Dios se dispuso a trabajar en la última obra de la creación: la mujer. Con una perfecta precisión y magistral cuidado, Dios diseñó sus ojos, su nariz, sus labios, su piel, sus pechos, su cabello y su… bueno, ya captaste la idea ¿no? Cuando Adán finalmente despertó, el trabajo de Dios estaba terminado.
En la historia de la humanidad ha habido muchos descubrimientos trascendentales: Cristóbal Colón descubrió el nuevo mundo, Ben Franklin descubrió la electricidad, cierto individuo llamado Reese descubrió que el chocolate y la mantequilla de maní saben muy bien juntos. Sin embargo, ninguo de ellos se puede comparar con el descubrimiento que Adán realizó ese día al despertar. De pie frente a él se encontraba, en todo su esplendor, la obra más reciente de Dios: la mujer.
¡Y estaba desnuda!
La Biblia no nos dice cuál fue la reacción de Adán ante tan maravilloso descubrimiento, pero siendo hombres, ya podremos imaginar lo que sintió. En Génesis 2:23, Adán llama a su nueva compañera «mujer» o «varona». La palabra hebrea que se traduce por hombre es «ish» y la de mujer es «isha». Tal vez cuando Adán contempló a la bellísima Eva, la primera mujer, simplemente haya exclamado: «ISH» y luego con la boca completamente abierta haya añadido: «Aaaaaaaahhhhh». Si Adán hubiera hablado español, posiblemente habría dicho: «¡Hombre, qué espectacular!»
¿Te parece lógico que Adán reaccionara así? Como descendientes de Adán, la mayoría de nosotros experimentamos el mismo sentimiento frente al creativo trabajo de Dios llamado mujer. Heredamos de nuestros ancestros la apreciación por las curvas femeninas.
¿Quieres pruebas? La próxima vez que te encuentres con tu grupo de amigos, dispara esta pregunta:
¿Qué creen que es lo más increíble de toda la creación?
1. El cielo lleno de estrellas fugaces en una noche de verano.
2. Los matices de un atardecer en la playa.
3. Una catarata en un bosque lluvioso.
4. La aurora boreal en el polo.
5. El cuerpo de una mujer.
Siéntete en libertad de escoger cualquier otra maravilla natural, pero te aseguro que no cambiará mucho la respuesta del grupo. En lo que concierne a la mayoría de los chicos, cualquier obra de la creación divina empalidece si se la compara con la obra maestra del cuerpo femenino.
EL TESORO ESCONDIDO
Adán no solo presenció el descubrimiento de la primera mujer, sino que además la pudo ver en toda su gloria. Génesis 2:25 lo expresa de esta forma: «El hombre y la mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza».
Imagina tener a una hermosa mujer desnuda a tu lado veinticuatro horas al día, siete días a la semana. La vida le sonreía a Adán… por un tiempo. Desafortunadamente para él, y para nosotros, su vida en el paraíso tuvo un insólito cambio por una terrible decisión. Ignorando la clara advertencia de Dios, Adán y Eva decidieron que probar la fruta del árbol prohibido resultaba, de alguna manera, más emocionante que obedecer las reglas de Dios.
La respuesta de Dios fue rápida y severa. Sacó a Adán y a Eva del jardín del Edén y les advirtió que la vida iba a ser extremadamente difícil y dolorosa para ellos y sus descendientes.
Junto con el dolor de ser separados de Dios y de su hogar en el jardín, Adán y Eva experimentaron un par de emociones nuevas: culpa y vergüenza. Una de las formas en las que lidiaron con la vergüenza fue cubriendo sus cuerpos. Génesis 3:7 nos cuenta que ellos mismos entretejieron hojas de higuera y las colocaron alrededor de sus cinturas para cubrirse. Más tarde, Dios mismo les mejoró el vestuario dándoles pieles de animales para que se las pusieran (Génesis 3:21).
De este modo, la era de andar desnudos con total comodidad llegó a su fin. Y el recato que empezó con Adán y Eva continúa presente hasta el día de hoy.
Esto nos lleva a la segunda razón por la que el ver, o pensar, en una mujer desnuda genera un sentimiento tan poderoso en la mayoría de los chicos: