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Carlos Castrodeza - La darwinización del mundo

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Carlos Castrodeza La darwinización del mundo
  • Libro:
    La darwinización del mundo
  • Autor:
  • Editor:
    ePubLibre
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  • Año:
    2009
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La darwinización del mundo: resumen, descripción y anotación

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CARLOS CASTRODEZA Doctor en Ciencias Biológica y Filosofía en 1973 investigó - photo 1

CARLOS CASTRODEZA Doctor en Ciencias Biológica y Filosofía en 1973, investigó en el Institute of Animal Geneticas de la Universidad de Edimburgo, el Instituto de Genética de la Universidad de Helsinki, la Universidad de Leeds y en la cátedra de Fisiogenética Animal de la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1985 asta su defunción, fue profesor en el departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Complutense de Madrid.

Fue autor de numerosos artículos y libros sobre su profesión, en especial sobre darwinismo, evolución y bioética.

Carlos Castrodeza 2009 Editor digital UnTalLucas ePub base r12 Notas - photo 2

Carlos Castrodeza, 2009

Editor digital: Un_Tal_Lucas

ePub base r1.2

Notas 1 Charles Haddon Spurgeon 1834-1892 conocido predicador Victoriano - photo 3

Notas

[1] Charles Haddon Spurgeon (1834-1892), conocido predicador Victoriano. [«Después de todo, no se puede entender a Moisés sin tener imaginación ni a Spurgeon sin meterse en metafísica, pero en cambio sí se puede ser un neodarwinista al completo sin imaginación, metafísica, poesía, conciencia o decencia. Porque la Selección Natural no tiene fundamento moral alguno: trata de estudiar esa parte de la evolución que no tiene ni sentido ni inteligencia y se puede denominar con más propiedad selección accidental o, todavía mejor, selección contra natura, puesto que nada es tan poco natural como lo accidental. Si pudiera demostrarse que todo el universo ha surgido por medio de ese proceso selectivo, sólo los desaprensivos y los sinvergüenzas podrían soportar estar vivos»].

[1] Richards (1989, págs. 551-558). Aunque más que de historiografía se debería hablar de «cultura darwiniana».

[1] Véase una interesante contextualización en Behler (1991, pág. 79).

[2] Brown (2001, pág. ix).

[3] Valor cuya cotización, empero, sigue boyante (Salmón, 2005).

[4] Phillips (1999), Kermode (1999).

[5] Guermès (2006).

[6] De hecho, siguiendo el criterio de Sommers y Rosenberg (2003, págs. 653-668), el naturalismo se convierte lisa y llanamente en nihilismo, que sería un naturalismo especialmente henchido de «cinismo» (véase más adelante) y no una negación absoluta de los valores de siempre (values we cherish). Ésta es la visión de los autores en cuestión, aunque de suyo esa negación ya está implícita en el naturalismo.

[7] Castrodeza (2007, capítulo V).

[8] Dijksterhuis (1950).

[9] Para una buena exposición del contexto actual más amplio, véase Vattimo (2003) y, sobre todo, Pensky (2008).

[10] Hyman (2007, págs. 27-46).

[11] Ondículas (partículas-onda) en el lenguaje de Ernest Nagel.

[12] Para algunos, en efecto es Quine, y no Kuhn, quien, en la lejanía epistémica, abre la puerta a la posmodernidad existencialmente cínica y decadente (Zammito, 2004).

[13] Castrodeza (2003.a).

[14] Fisher, como se indica, también era un convencido teísta, como Dobzhansky (J. M. van der Meer, 2000, págs. 759-772).

[15] Chaumont (2004).

[16] Goodheart (2007), Linke (2007), Robbins y otros, eds. (2009).

[17] Crook (2007).

[18] Las biografías de Darwin más completas y profesionales hasta la fecha, interpretaciones aparte, son las de Janet Browne (1995, 2002) y Adrian Desmond y otros (2007). Véanse comentarios importantes en Ruse (2005a, págs. 171-177) sobre recientes ediciones de los dos Orígenes de Darwin (el de las especies y el del hombre), así como la obra reciente del mismo Ruse (2007) o la de Lewens (2007), que se consideran completas en lo que se refiere a Darwin, su obra e influencia hasta el día de hoy.

[19] Castrodeza (1988.a).

[20] Se puede ver el contexto en un sentido amplio en Ruse (2005b).

[21] Véase Castrodeza (1988.a, op. cit.) y Glick (1992, págs. 507-510). Véase también Stamos (2007).

[22] Para cotejar lo «políticamente correcto» en la época victoriana en conexión con el darwinismo, véase Dawson (2007).

[23] Ruse (1979).

[24] Aunque aparentemente, según John van Wyhe (2007, págs. 177-205), no hay ningún tipo de evidencia al respecto de que Darwin ocultara sus ideas o temiera publicar por la reacción adversa que pudiera suscitar.

[25] Y, de hecho, su impacto subliminal fue colosal (Secord, 2000). Es más, científicos de altura como Alfred Russel Wallace, así como los importantes anatómicos William Benjamin Carpenter y Richard Owen, alter ego de Darwin, se sintieron convencidos por los argumentos de Vestiges.

[26] De hecho, igualmente, la idea central de Chambers era la darwiniana sin naturalizar, en el sentido de que ambos autores suscribían la recapitulación ontogénica de la filogenia, que luego Haeckel convertiría en su conocida ley de la biogénesis.

[27] En realidad, ambos proyectos eran harto diferentes. Wallace, por ejemplo, pensaba que la selección artificial no tenía nada que ver con la selección natural, lo que para Darwin era, por el contrario, crucial (Hull, 2005, págs. 137-152). Pero véase el profundo escrito de índole externalista de Fagan (2007, págs. 601-635).

[28] Hull (1973). Véase también el preciosísimo libro de Peter Vorzimmer (1970), a pesar de que en algún momento confunda a Isidore con Étienne Geoffroy Saint Hilaire (falta grave donde las haya en un historiador de la biología).

[29] En realidad, como manifiesta Bowler (1983), nunca hubo eclipse alguno, porque la teoría de Darwin hasta su promoción en el siglo XX tuvo escasa aceptación. Y en esa promoción, aunque de una manera un tanto heterodoxa, el papel del archidarwiniano alemán Ernst Haeckel fue crucial (Richards, 2008).

[30] Bowler (1986).

[31] Estaban en contra, como quizá ejemplos muy notables, los eminentes médicos franceses Louis Pasteur y Claude Bernard, así como en Inglaterra los físicos James Clerk Maxwell y Lord Kelvin.

[32] La publicación de este bosquejo fue una pesadilla para Darwin, cuyo interés por la historia natural no era ni con mucho paralelo a su interés por la historia propiamente dicha Johnson, 2007).

[33] Un precedente muy notable es el del médico y cirujano Sir William Lawrence, que medio siglo antes publicó una historia natural del hombre de la que se tuvo que retractar por acusaciones de ateísmo para evitar problemas con la ley (Mudford, 1968).

[34] Es más, la prestigiosa Royal Society crea la medalla Darwin, que se otorga bianualmente a partir de 1890 (la primera se le concede a Wallace, la siguiente a Hooker y la de 1894 a Huxley; la de 1900 se le concede al campeón alemán del darwinismo, Haeckel; a su primo Francis Galton se le concede al bienio siguiente y a su hijo, el botánico Francis Darwin, en 1912, precedido del otro campeón alemán del darwinismo, August Weismann, a quien se le otorga en 1908).

[35] De hecho, Darwin acometió su obra El origen del hombre principalmente para refutar a su, por otra parte, siempre querido Wallace (Ruse, 2004, pág. 20).

[36] Asa Gray preparó la publicación de El origen en Estados Unidos en 1860 (Johnson, op. cit., pág. 540).

[37] Para un estudio fascinante de esta interesante problemática, véase Levy y Peart (2006).

[38] Keynes (2001).

[39] Aunque curiosamente sus coetáneos no percibían enteramente su criterio naturalizador extremo (en la línea del antes citado William Lawrence) ya que, por ejemplo, en la crítica del director de la Universidad de Edimburgo, Alexander Grant, se calificaba la obra sobre El Origen del hombre como de un epicureísmo teísta.

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