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H ENRY K AMEN
M AGIA Y ENIGMA
Edificios legendarios de España
El prestigioso hispanista Henry Kamen selecciona varios monumentos míticos en España —declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— y explica la historia, los detalles y las leyendas que se ocultan tras estas grandes construcciones. Estos monumentos simbolizan etapas y características fundamentales de la experiencia histórica de España, así como de su idiosincrasia y particularidad.
Una invitación a explorar esa grandeza histórica en el caso de un puñado de construcciones que han dejado una marca imborrable en la Historia y en su gente.
PRÓLOGO
Los (viajeros) que aspiran a lo romántico, lo poético, lo sentimental, lo artístico, lo antiguo, lo clásico, en una palabra a cualquier tema sublime y bello, encontrarán en el actual y el antiguo estado de España material suficiente si vagan por este curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie.
Richard Ford (1844)
Parecían llevar siglos allí, con sus siluetas destacadas brillando bajo el cálido sol ibérico y una belleza y una grandeza incuestionables, luminosos e imponentes aún contra el telón de fondo del cielo nocturno. Eran los edificios que simbolizaban el poder y también las creencias de la España tradicional. En la época medieval, estaban rodeados de casas pequeñas y calles estrechas que limitaban la vasta plaza pública, pero, cuando conservaban sus vínculos con el mundo rural, las viviendas no competían con ellos y desde sus explanadas se veían los campos y los bosques. Desde luego, no estaban allí desde siempre. Cada uno de los edificios monumentales de España estableció su presencia en un momento histórico preciso. Algunos no sobrevivieron mucho después de su período de grandeza: fueron transformados o incluso arrasados, pero lograron resucitar y renovarse con un aspecto nuevo aún más glorioso.
Este libro es una invitación a explorar esta grandeza histórica a partir de un puñado de construcciones que han dejado una marca perdurable en la tierra y en su gente. Los seis ejemplos escogidos se encuentran en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y son algunos de los numerosos monumentos españoles que también han sido reconocidos por esta institución, ya que simbolizan etapas y características fundamentales de la experiencia histórica de España. La UNESCO incluyó en su lista a tres de estos edificios en 1984; Santiago de Compostela se añadió en 1985, y Sevilla, en 1987. La selección de un edificio inconcluso en Barcelona llegó después, en 2005. Se podrían haber añadido aquí más construcciones, pero las elegidas servirán de introducción adecuada para la finalidad de este ensayo, que es plantearse la siguiente pregunta: «¿Cómo encaja este edificio en la cultura histórica de España?». Aquí no se presentan como ladrillos y piedras mudas, sino como voces vivas, que a lo largo de los siglos nos hablan de su experiencia a través de la visión de quienes han atravesado el continente para poder verlos. Los edificios representaban a un pueblo y ese pueblo —es inevitable— no se puede olvidar.
Más que una guía turística, este libro es una introducción al contexto histórico de construcciones famosas que han sido fundamentales para la formación del carácter español. Los viajeros que las visitaron a menudo procedían de la propia España, como Antonio Ponz a finales del siglo XVIII , y ofrecían opiniones interesantes acerca de lo que veían. No obstante, fueron sobre todo los viajeros extranjeros, como Richard Ford a mediados del siglo XIX , quienes más dirigieron nuestra atención a la herencia histórica que España poseía en sus edificios en ruinas y a menudo olvidados, y por eso he dedicado bastante espacio a su valioso testimonio. Con mucha frecuencia, el viajero moderno no se da cuenta de la escala temporal ni del contexto social del espacio histórico en el que se encuentra. Hay multitud de fechas y multitud de nombres, pero ¿qué nos pueden decir esas fechas y esos nombres? La información que se brinda actualmente a los turistas a menudo es incorrecta e inadecuada, como alguna vez hemos experimentado en las presentaciones de los guías turísticos, de modo que lo que aquí se ofrece es una invitación para que el lector adopte un punto de vista diferente. Nuestra intención es ofrecer una perspectiva del contexto histórico, social y artístico de cada edificio, en lugar de limitarnos a examinar los ladrillos y la argamasa.
En la Europa preindustrial no abundaban los grandes edificios. Los primeros en aparecer estaban destinados a la defensa y a la guerra y aún hoy las ruinas que salpican el paisaje de la Castilla central corresponden a castillos, como prueba de la primordial necesidad de defensa de las comunidades. Mucho después, cuando ya se había logrado la seguridad, los residentes se pusieron a pensar en mostrarse agradecidos y levantaron construcciones que respondían a necesidades comunitarias más amplias, centradas sobre todo en la religión. Fue la etapa en la cual aparecieron los monasterios más espectaculares de la Europa cristiana, seguidos, poco después, por las grandes catedrales. Los individuos, por importantes que fueran, tenían mucho menos peso que la comunidad en la decisión de construir: ni las familias ricas ni los reyes invertían necesariamente en edificios. La reina Isabel la Católica no hizo construir ninguna mansión. Tenemos el ejemplo notable del emperador Carlos V, quien no edificó ningún palacio, porque, como contó una vez a su hijo, Felipe II, él siempre estaba yendo de un lado para otro y no tenía sentido construir un palacio fijo.
Sin embargo, los grandes edificios siempre eran una muestra de poder, porque daban forma a la autoridad del señor local, del Rey o del obispo, y dependían por completo del mecenazgo y la financiación que les proporcionaba esta autoridad. Cuando el poder de los grandes señores se desmoronó, lo mismo ocurrió con sus castillos. ¿Por qué no existen en la actualidad grandes casas aristocráticas señoriales que figuren entre las construcciones emblemáticas de España? ¿Por qué no hay en España nada equivalente a las grandes residencias privadas palaciegas como Burghley House en Inglaterra o el castillo de Chenonceau en Francia? Sería muy sencillo dar una respuesta a esta pregunta tan interesante, pero al mismo tiempo sería muy complejo presentarla en estas páginas. Se trata de un hecho incuestionable: entre los edificios emblemáticos de España no figura ninguna residencia aristocrática. Todos los edificios que se conservan son, en mayor o menor medida, manifestaciones de la comunidad y de sus necesidades.
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