Luego de varios años con problemas de hiperactividad, el pequeño Dai Go se cansó de todo el acoso escolar del que era víctima; tanto fue su hartazgo que decidió leer e investigar hasta convertirse en experto del tema.
Actualmente Dai Go aparece con regularidad en la televisión japonesa, revistas y redes sociales de aquel país asiático. Además, es reconocido por haber desarrollado un método revolucionario para mejorar la concentración. Dicho método – que nos comparte en este libro – permite que cualquier persona cumpla la tarea o reto que quiera, sin importar cuán grande o pequeña sea.
Prefacio
Debo confesar algo.
Cuando era niño, mi capacidad para poner atención era limitada y apenas podía quedarme quieto. Mis padres y mi abuelo pensaban que tenía un problema de aprendizaje.
Naturalmente, mis calificaciones eran bajas —para ser exactos, estaba en el lugar 224 de 227 estudiantes en mi grado escolar. Incluso en aquellos días en los que de milagro permanecía sentado en mi pupitre por un largo rato, rara vez aprendía algo, pues en realidad no estaba concentrado en lo que hacía.
En retrospectiva, es probable que mi incapacidad para permanecer quieto como los demás haya sido la causa del acoso escolar que sufrí desde primero de primaria hasta segundo de secundaria.
Cansado del hostigamiento y de sacar calificaciones más bajas que casi todos mis compañeros, decidí estudiar duro y cambiarme a mí mismo.
En un inicio, esto no fue fácil. Solía sentarme en mi pupitre, decidido a vengarme de aquellos que me habían menospreciado y convertirme en una nueva versión de mí mismo, tan sólo para perder la concentración y aventar mi pluma en señal de frustración. Esto sucedió por un buen tiempo.
Más tarde, tras darme cuenta de que mi capacidad para poner atención era menor comparada con la de otros, abandoné la idea de estudiar por completo. En cambio, recurrí a libros de psicología y neurociencia, y comencé a explorar métodos que me ayudaran a mejorar mi concentración.
Fue un largo proceso de ensayo y error.
Con el tiempo, mis esfuerzos rindieron frutos. Me aceptaron en el Departamento de Ciencia e Ingeniería de la Universidad Keio sin tener que asistir a una escuela preparatoria. En la actualidad soy asesor de negocios y orador; también participo en capacitación empresarial, aparezco en televisión, publico videos en Niconico y leo entre 10 y 20 libros al día. Todo esto es posible gracias a mi capacidad para concentrarme —una habilidad que he cultivado a lo largo de los años.
Saber cómo leer con rapidez y eficiencia me permite absorber grandes cantidades de información que, a su vez, son aplicables a mi propio trabajo, donde me gusta pensar que he cosechado logros importantes. Puedo decir con absoluta confianza que la posición que ocupo hoy se debe en su totalidad a mi capacidad para concentrarme.
La concentración es una habilidad y puede aprenderse con rapidez
He dedicado muchos años a mejorar mi concentración y lo cierto es que no me arrepiento. Sin embargo, es probable que carezcas del tiempo suficiente para hacer lo que yo hice, aunque lo desees; la mayoría de la gente está demasiado abrumada por su trabajo o sus estudios para destinar una parte de su tiempo —meses, años— al tema de la concentración.
Bueno, pues no te preocupes. Dejaremos la investigación en manos de los científicos, muchos de los cuales ya han presentado sus hallazgos respecto a la concentración. Lo que me gustaría hacer en este libro es compartir mi método para mejorar la capacidad de concentración, con base en mi propia experiencia.
La concentración no es un don con el que algunas personas nacen, sino una habilidad que puede desarrollarse mediante el entrenamiento y la práctica .
Concéntrate y agrega un mes a tu calendario
Digamos que conoces a alguien que practica la misma profesión que tú. Esta persona siempre entrega su trabajo antes de que tú lo hagas, ha escalado posiciones a nivel laboral y continúa siendo exitosa.
¿Qué es lo que tiene esta persona que no tengas tú? ¿Talento natural? Quizá, aunque los verdaderos genios son difíciles de encontrar, también es posible que esta persona dedique una buena parte de su tiempo al trabajo, aunque no lo demuestre.
La diferencia entre esta persona y tú no es el talento innato. Yo soy el mismo individuo que cuando era más joven, un chico cuya capacidad de atención era tan limitada que angustiaba a sus padres y maestros.
La diferencia radica en si sabes o no enfocar tu atención. Cuando era niño, no podía concentrarme porque me preocupaba todo lo que me rodeaba. Desde entonces, he aprendido a controlar mi concentración al enfocar mi atención en una tarea específica para cumplir un objetivo específico . Con este método, la cantidad de trabajo que solía manejar en una hora aumentó de forma dramática.
El tiempo —24 horas al día— es un activo que ha sido distribuido entre nosotros de manera equitativa. Sin embargo, lo que podemos lograr en esas 24 horas depende, en gran medida, de que tan bien controlemos nuestra concentración.
La concentración nos permite aprender y lograr más en un menor tiempo. Al reducir la cantidad de tiempo que dedicamos a leer y trabajar, podemos mejorar nuestra productividad; incluso en un sólo día es posible conseguir lo que el adulto promedio obtendría en seis meses. Yo leo 20 libros al día, lo que me hace 200 veces más productivo que el adulto promedio , quien se supone lee tres libros al mes.
Al concentrarnos, no sólo mejoramos nuestras calificaciones y rendimiento, sino que también tenemos más tiempo libre para nuestra vida personal.
¿Cómo concentrarte aunque estés cansado?
Una vez que aprendas a controlar tu concentración, serás capaz de mantenerte enfocado sin importar cuánta energía tengas. Todos conocemos a ese colega o jefe que incluso después de trabajar horas extra en la oficina durante varios días, sigue siendo un pilar de estabilidad; nos maravillamos ante el atleta que mantiene un alto nivel de desempeño a lo largo de una serie de pruebas desafiantes. ¿Cuál es su secreto? La gente capaz frente a la adversidad es aquella que convierte sus habilidades en hábitos que no requieren concentración .
Usemos el golf como ejemplo. Un golfista profesional no piensa en dónde pararse o cómo alternar su peso de un lado al otro cuando está a punto de pegarle a la pelota. Es algo que le viene de forma natural, ya que lo ha repetido millones de veces. En lugar de pensar en su swing, puede centrar su atención en su estrategia para ganar el juego .
Cuando nos concentramos en algo, utilizamos el lóbulo frontal de nuestro cerebro. Sin embargo, en cuanto una actividad se convierte en un hábito, o en segunda naturaleza, lo que alguna vez sucediera en el lóbulo frontal ahora ocurre en el cerebelo. Esto significa que el lóbulo frontal puede encargarse de otras actividades, lo que aumenta nuestra capacidad de atención . Las personas que aparentan estar concentradas incluso cuando están cansadas en realidad no están concentradas; no necesitan estarlo, ya que la práctica constante ha provocado que realicen algunas actividades de forma natural.