Una amena e históricamente rigurosa obra que ofrece al lector un apasionante recorrido por los aspectos menos conocidos, hechos insólitos y anécdotas asombrosas de la Segunda Guerra Mundial. Una ingeniosa recopilación de hechos y episodios históricos poco conocidos, que marcaron el día a día de este convulso periodo histórico, pero que han quedado fuera de los grandes libros de historia.
El lector podrá conocer a los animales que mostraron un valor inusitado en el campo de batalla y que fueron condecorados por ello. También descubrirá que el interés por el arte y la cultura estuvo presente en el conflicto; por ejemplo, los intentos de engañar a los nazis en su campaña de expolio de la Europa ocupada con una falsa Venus de Milo. La vida cotidiana en el frente proporciona un sinfín de capítulos curiosos; mientras algunos soldados se dedicaban a beberse el combustible de las bombas volantes o de los torpedos, otros fabricaban helado en sus aviones durante las misiones de bombardeo y algunos destilaban bebidas alcohólicas en las salas de máquinas de sus barcos.
En estas páginas se abre paso una miscelánea de historias curiosas, como el origen de los spaguetti a la carbonara o el aciago destino de los barcos de Müssolini o Goering, pero el lector se sorprenderá sobre todo al saber que Eisenhower, al llegar a la presidencia de Estados Unidos, copiaría las autopistas nazis o que Hitler disfrutó viendo El Gran Dictador de Chaplin…
Todos estos hechos anecdóticos suponen la otra cara del sagriento conflicto de 1939-45, una tragedia sin precedentes de la que surgieron estos episodios que, sin duda, estimularán la curiosidad y la capacidad de sorpresa de cualquier aficionado a la historia.
Jesús Hernández
Historias asombrosas de la Segunda Guerra Mundial
Los hechos más singulares y sorprendentes del conflicto bélico que estremeció a la humanidad
ePub r1.0
Slashhh 17.05.14
Título original: Historias asombrosas de la Segunda Guerra Mundial
Jesús Hernández, 2007
Diseño de portada: Carlos Peydró
Editor digital: Slashhh
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Al Gran Marcelus
Notas
[1] Aunque el término Wehrmacht hace referencia al conjunto de las fuerzas armadas alemanas, las terrestres (Heer), las navales (Kriegsmarine) y las aéreas (Luftwaffe), es habitualmente empleado como sinónimo de las fuerzas de tierra. A lo largo de la obra, se utilizará en este sentido restringido.
[2] El expolio de la riqueza cultural de los países ocupados fue uno de los objetivos principales de los nazis. A Francia se envió un equipo formado por sesenta personas, entre historiadores de arte, peritos tasadores y fotógrafos, con la misión de confiscar, clasificar y embalar las obras que serían posteriormente enviadas a Alemania. Entre noviembre de 1940 y julio de 1944, el Tercer Reich se apropió de 203 colecciones privadas, la mayoría de ellas procedentes de familias judías, sumando más de 20.000 objetos. Se utilizó como almacén el museo del Jeu de Paume, frente a la plaza de la Concordia, en París. Para su transporte a Alemania se emplearon 29 convoyes ferroviarios compuestos de 138 vagones cargados con un total de 1.170 cajas. El objetivo de Hitler era que pasasen a formar parte del fondo de un futuro museo a construir en la ciudad austríaca de Linz, pero la realidad es que una buena parte de estas obras de arte llegó a poder de Hermann Goering, cuya intención, según sus propias palabras, era "reunir la colección privada más grande de Europa". Sobre este asunto, Hans Frank, gobernador de Polonia, aseguró durante el juicio de Nuremberg que "si Goering hubiera dedicado más tiempo a la Luftwaffe y menos al saqueo de obras de arte, es posible que yo no estuviera ahora sentado aquí".
[3] La noticia apareció en el Völkischer Beobachter del 4 de abril de 1944.
[4] En este caso, sí que el término Wehrmacht hace referencia al conjunto de las Fuerzas Armadas germanas, las de tierra, mar y aire. El OKW (Oberkommando der Wehrmacht) tuvo como máximo responsable al mariscal Wilhelm Keitel a lo largo de todo el conflicto, pese a que este estaba totalmente sometido a la voluntad de Hitler.
[5] Pese a que el intento nazi de apropiarse de Rembrandt ha sido deliberadamente enterrado por los holandeses, en 2006, coincidiendo con el 400º aniversario de su nacimiento, una exposición en el Dutch Resistance Museum de Amsterdam se encargó de recordar esta campaña. En ella podían contemplarse, entre otros objetos, los sellos que los alemanes dedicaron a Rembrandt, la película sobre el artista filmada en 1941 y los carteles que proclamaban como "Día Nacional de Holanda" la fecha de nacimiento del pintor.
[6] Aunque a partir de 1956 estos trabajos fotográficos podían ser consultados por el público, desde 2005 es posible acceder a este archivo en Internet (www.zi.fotothek.org.).
[7] Se trata de los conocidos como barracones Nissen, por su inventor, el ingeniero canadiense Peter Norman Nissen, que los ideó en 1916, durante la Primera Guerra Mundial. Eran estructuras prefabricadas de forma semicilíndrica y de color verde oliva. De chapa acanalada y tubo de acero, permitían un fácil transporte y un rápido montaje. Para diseñarlos, Nissen se inspiró en los grandes cobertizos de madera de algunas tribus de indios canadienses. Por su parte, los norteamericanos desarrollarían su propia versión de los barracones Nissen, pero en este caso recibirían el nombre de barracas Quonset, en honor de la localidad de Rhode Island en donde se encontraba la empresa que los fabricó por primera vez en suelo estadounidense.
[8] La identificación completa de este singular escarabajo sería: Insecta (Clase), Coleoptera (Orden), Carabidae (Familia), Trechinae (Subfamilia), Anophtalmus (Género), Hitleri (Especie). Pese a que la decisión más lógica sería cambiar el controvertido nombre de este escarabajo, la tradición seguida en el mundo de la biología obliga a respetar los nombres elegidos por los descubridores de las especies, sin juzgar el carácter adecuado o inadecuado del mismo. Por tanto, puede encontrarse una mosca dedicada a Charles Chaplin (Campsicnemius charliechaplini), una araña al autor de Drácula (Draculoides bramstokeri), otra araña a Orson Welles (Orsonwelles Othelo), o una babosa de mar a Nelson Mandela (Mandelia). La única excepción la constituyen los nombres que tienen carácter religioso, que sí pueden ser modificados.
[9] En el Barrio Bávaro (Bayerisches Viertel) de Berlín existe un memorial que deja constancia de esta persecución de baja intensidad, preludio del asesinato masivo. En 1992 se colocaron 80 placas en las farolas de este barrio, en las que se reproducen cada una de estas leyes antisemitas, destinadas a hacer insufrible la vida cotidiana. Además de la prohibición de tener animales domésticos, puede leerse en estas placas la prohibición de sentarse en los bancos públicos que no estuvieran pintados de color amarillo (1939) o la de poder comprar leche fresca (1942).
[10] En la Primera Guerra Mundial, los norteamericanos solían tener perros en las trincheras. Uno de ellos, un terrier de Connecticut llamado Stubby, se convirtió en un auténtico héroe. En una ocasión descubrió a un soldado alemán que intentaba penetrar en una trinchera aliada; lo agarró firmemente con sus mandíbulas y no lo soltó hasta que fue capturado. En otra ocasión, Stubby alertó de un ataque de granadas de gas fosgeno, gracias a su capacidad para oir el silbido de esas bombas, algo imposible para los humanos. Los soldados tuvieron tiempo de colocarse las máscaras antigás, por lo que muchos de ellos pudieron salvar la vida. En total, Stubby participió en 17 batallas, recibiendo numerosas condecoraciones.