En enero de 1961, en plena escalada de la guerra fría, John F. Kennedy intenta frenar la expansión del comunismo mientras se enfrenta a las adversidades, la soledad y las tentaciones que entrañan ser el presidente de los Estados Unidos.
También su joven y bella esposa Jackie ha de adaptarse a vivir sometida al permanente escrutinio de la opinión pública. A pesar de las difíciles pruebas personales y políticas que Kennedy ha de superar, su popularidad sube como la espuma.
Por otro lado, JFK se hace con grandes enemigos: el dirigente soviético Nikita Kruschev, el dictador cubano Fidel Castro y el director de la CIA, Allen Dulles. La política de mano dura de su hermano, el fiscal general Robert Kennedy, contra poderosos elementos del crimen organizado añade más nombres a la lista de enemigos jurados del presidente.
Y, finalmente, en el transcurso de un viaje preelectoral a Texas en 1963, Kennedy recibe un tiro mortal que sume a la nación en el caos. Jackie y todo el país lloran su muerte al tiempo que comienza la caza de sus autores.
Los avatares que llevaron al asesinato más tristemente famoso del siglo XX son casi tan dramáticos como lo fue el propio magnicidio.
Crónica apasionante de principio a fin, Matar a Kennedy describe el heroísmo y las falsedades de la Corte de Camelot logrando que la historia cobre vida y nos conmueva.
Bill O’Reilly & Martin Dugard
Matar a Kennedy
El fin de la corte de Camelot
ePub r1.0
Titivillus 15.04.16
Título original: Killing Kennedy: The End of Camelot
Bill O’Reilly & Martin Dugard, 2012
Traducción: Paloma Gil Quindós
Retoque de cubierta: Titivillus
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
Este libro está dedicado a mis antepasados,
los Kennedy de Yonkers, Nueva York.
Gente trabajadora, generosa y sincera.
BILL O’REILLY (nacido como William James O’Reilly, Jr. el 10 de septiembre de 1949) es un presentador de televisión, director de un programa de radio, escritor, columnista y autoproclamado comentarista político “tradicionalista”. Es el presentador del programa de televisión por cable The O’Reilly Factor. Antes de ser el anfitrión de The O’Reilly Factor, fue presentador del programa de entretenimiento Inside Edition. O’Reilly también es locutor del programa de radiofónico The Radio Factor y es autor de siete libros.
MARTIN DUGARD (nacido el 1 de Junio de 1961 en Maine) es un escritor americano con residencia en Rancho Santa Margarita, Orange County, California. Dugard concentra su vida cotidiana en la investigación para entender el carácter y las motivaciones del personaje sobre el que escribe. Para entender a Colón (The last voyage of Columbus) viajó por España, el Caribe y Centroamérica. Siguió los pasos de Henry Morton Stanley a través de Tanzania mientras investigaba para Into Africa (consiguiendo que le arrestaran en el proceso) y se sumergió en las aguas infestadas de tiburones tigre de Kealakekua Bay en Hawaii para recrear la muerte del capitán Cook para su libro Farther than any man. Ha publicado en revistas tales como Esquire, Outside, Sports Illustrated, y GQ.
Juntos han publicado Killing Lincoln: the shocking assassination that changed America forever (Matar a Lincoln: el espantoso asesinato que cambió América para siempre) y Killing Kennedy: the end of Camelot.
Notas
[1] Porque fue también el presidente de la Comisión Warren, encargada de investigar el asesinato de JFK. (N. de la T.).
[2] «Little Boy Blue» es una canción infantil cuyo protagonista es un pastorcillo que llora cuando le despiertan de su sueño. (N. de la T.).
[3]Fiddle-faddle significa «tonterías», «trivilialidades». (N. de la T.).
[4] En realidad es el Día de los Trabajadores, pero como sonaba a comunismo, cambiaron el nombre durante un tiempo. (N. de la T.).
[5] Referencia a Roosevelt, que habló de su presidencia con esta misma expresión. (N. de la T.).
[6] En el Oeste se llamaba soiled doves [«palomas sucias»] a las prostitutas: en inglés whores, que suena parecido a d’oeuvres. (N. de la T.).
[7] El poema de Henry Wadsworth Longfellow «La cabalgada de Paul Revere» hizo famoso a este patriota que advirtió de la presencia de tropas británicas en Massachusetts al comienzo de la Guerra de la Independencia. (N. de la T.).
[8] Bandera muy grande para que todos los que practicaban en el campo de tiro la vieran y tuvieran cuidado de no dar al monitor que la ondeaba junto a la diana cuando fallaban; todavía la llaman Maggie’s drawers. (N. de la T.).
[9] Saludo tradicional en Irlanda. (N. de la T.).
[10] Breve oración llamada «Breton Fisherman’s Prayer» [La plegaria del pescador bretón]. La placa se la entregó el almirante Hyman Rickover. (N. de la T.).
[11] Celebrado en Estados Unidos el primer lunes de septiembre. (N. de la T.).
[12] El sur de Estados Unidos. (N. de la T.).
[13] Washington D. C. (N. de la T.).
Nota a los lectores
22 DE NOVIEMBRE DE 1963
MINEOLA, ESTADO DE NUEVA YORK
APROXIMADAMENTE 14.00
Los alumnos de primer curso del instituto de secundaria Chaminade que estábamos en clase de religión con el hermano Carmine Diodati nos asustamos cuando la voz crispada de un locutor de radio inundó el aula dando la noticia por megafonía: el presidente John F. Kennedy había sido tiroteado en Dallas, Texas, y lo habían trasladado al hospital. Poco después nos enterábamos de que había muerto. Ninguno sabíamos qué decir.
La mayoría de los estadounidenses nacidos antes de 1953 recuerdan con exactitud dónde estaban cuando oyeron la noticia del asesinato de JFK. Los días que siguieron a aquel terrible viernes fueron jornadas de tristeza y perplejidad. ¿Por qué sucedió? ¿Quién mató en realidad al presidente? ¿Y qué país era este donde vivíamos?
El asesinato de JFK tuvo cierto impacto personal para mí. Mi abuela materna, Winifred, se apellidaba Kennedy. Los miembros de mi familia eran católicos irlandeses que sentían un hondo vínculo emocional con el joven presidente y los suyos: fue como si alguien de mi propia casa hubiera muerto violentamente. Yo era un niño normal de Long Island, la política nacional no me interesaba mucho. Pero conservo un vívido recuerdo de las fotografías de JFK que mis familiares tenían en sus casas; para ellos, era un santo. Para mí, una figura lejana que tuvo una muerte horrible, sus sesos esparcidos por la tapa del maletero de un coche. No he podido olvidar la imagen de su mujer, Jacqueline, reptando hacia la parte trasera de la limusina para recoger fragmentos del cráneo destrozado del presidente.
A Martin Dugard y a mí nos complace enormemente que millones de personas disfrutaran leyendo Matar a Lincoln. Nuestra idea es poner la historia al alcance de todos, contar a los lectores exactamente lo que sucedió y por qué sucedió, con un estilo informativo pero también ameno. Después de escribir la crónica de los últimos días de Abraham Lincoln, seguir con John Kennedy nos venía dado.