ASÍ SE HIZO
Con la mirada fija
en el vasto universo
como quien busca el astro
que ilumina la tierra
Con el pecho apretado
al corazón que henchido
es un cesto de acordes
y de rimas ardiendo
Con el alma febril
de pensamientos llena
abriéndose en su fruto
y temblando en sus hojas
Con una sed de dar
de iluminar el día
como la de una rosa
que entre paredes brota
Con una voz divina
que lento se desborda
y como lava abre
un camino en las ondas
Como una luna azul
una risa montuna
una guitarra triste
y el verso de un hermano
Así se hizo: AMANDO
Antonio Guerrero Rodríguez
Uno de los Cinco Prisioneros del Imperio
FDC Miami, La Florida , 7 de noviembre del 2002
La infancia
A Polo Montañez
Ese Polo que nació
en medio de las montañas
ha logrado con su hazaña
algo que siempre anheló.
Y así le deseé yo
un sin fin de cosas bellas
y para adornar las huellas
por donde él va caminando
el cielo le va dejando
caer un montón de estrellas.
Crecencio Rivero Pérez
Las raíces de Fernando Borrego Linares, verdadero nombre de Polo Montañez, están muy ligadas a las estribaciones de la sierra del Rosario, en Pinar del Río, como casi todos los vecinos del lugar. Cuentan que desde sus inicios, en tiempos de la colonia, todo el desarrollo de la vida giraba en torno al Cusco, asentamiento a tres kilómetros de distancia de la actual comunidad Las Terrazas.
El extenso lomerío se encontraba dividido en hatos y corrales que eran atravesados por abundantes arroyos y ríos, entre lo que se encuentran el San Juan y el Bayate, lo que ha permitido que sus tierras, a pesar de ser una zona montañosa, tengan mucha fertilidad. Puede que estas características naturales hayan sido el motivo de que numerosos emigrantes franceses se instalaran en el lugar para desarrollar la producción de café. Estas familias francesas junto con sus acciones productivas trajeron consigo sus bailes y sus músicas, en tre otros elementos culturales, los que practicaban y mostraban al resto de los pobladores —algo muy común en un proceso de transculturación—, que inevitablemente se fueron mezclando con los tradicionales jolgorios cubanos rellenos de sabor criollo. Tales acontecimientos se hicieron comunes los domingos por ser día de descanso y, de manera particular, cualquier otro día con características especiales.
Por entre aquellas veredas llegó Julio Borrego Casas , conocido por Papo, quien era hijo de Antonio, natural de España y de Paula, natural de Mantua. Papo llegó como carbonero, actividad que desarrollaba en su natal San Antonio, lugar muy cerca del faro marítimo que ahí existe. Se hizo acompañar por el día de un machete, impulsor de sus largas jornadas montañosas, y por las noches de un armonioso acordeón, el que esparcía alegría entre aquellas penumbras repletas de soledades. Se enamoró Julio Borrego Casas de Lucrecia Linares Martínez, conocida por Mecho e hija de Casimiro y Secundina, ambos naturales de Bahía Honda. La joven pareja se casó y se fue moviendo por distintos puntos de la geografía montañosa mientras echaban raíces. De esta unión salió Polo Montañez, quien durante su infancia no conoció lo que era tener juguetes, ni nada con lo que un niño sueña. Es por todo ello que afirmamos que fueron de origen muy humilde, «gente de monte adentro», como decimos los guajiros, pero educados en los cánones de la tradición moral del campesino cubano: laboriosidad, modestia y respeto. Polo seguiría las enseñanzas de sus padres por toda la vida.
Paula Borrego Linares
(hermana de Polo)
Mi papá vivía con mi mamá en los alrededores de El Brujito. Se conocían desde niños. En la década del treinta mis padres decidieron unir sus vidas y en verdad fueron una pareja muy feliz. Jaraneaban mucho entre sí, pero se respetaban. En este ambiente de paz y felicidad nacimos y nos criamos sus hijos, entre ellos, mi hermano Polo.
Sixta Linares Linares
(hermana materna de Polo)
Antes de contraer relaciones con Julio, mi mamá ya había tenido otras dos relacio-nes matrimoniales. De la primera, nacieron tres hijos (Santo, Marcelo y Domingo). Eran de un señor de apellido Rivera. De la segunda, nacieron dos (Juan y yo) con el apellido Linares; y fue después que se casó con Julio Borrego Casas, con el que tuvo otros siete hijos (Rosa, Julián, Paula, Luis, Israel, Fernando y Aurora). Es decir, que Fernando era el sexto de esta unión y el onceno de todos nosotros.
Mi mamá nos contaba que durante el embarazo de Polo no tuvo dificultades, lo que da a entender que mucho antes de nacer, Polo fue un hijo del bien y de la alegría. Este signo lo acompañó durante toda su vida.
Mi mamá parió a Polo en la casa, no tuvo asistencia médica, ¡imagínese usted!, menos mal que una hermana de Julio, es decir, su cuñada, estaba allí y la acompañó durante el parto. Ellas le cortaron la tripa del ombligo y lo bañaron, por eso mi mamá la nombró madrina de Fernando.
Él nació en la finca El Brujito, el 5 de junio de 1955, después nos mudamos para otro lugar cercano llamado El Brujo. Polo todavía era un niño de meses cuando hicimos la mudanza. Julio, su papá, lo inscribió a los cinco años en el registro civil de Candelaria. Mire usted cuánto tiempo pasó para hacer el trámite legal.
La infancia de Polo fue muy difícil, muy fuerte, porque también difícil era la situación económica de toda la familia. Él no conoció lo que era jugar con juguetes, se entretenía imitando los oficios campesinos. Polo enyugaba dos botellas y se pasaba las horas jugando cerca de la casa.
Yo recuerdo que cuando apenas tenía unos meses le comenzaron a dar fiebres altas, y mi mamá, apelando a todo para salvarlo, le hizo una promesa a la Virgen de la Caridad del Cobre, que si él se curaba, no lo pelaría más hasta que cumpliera los siete años de edad. Fíjate, le creció un moño larguísimo que le daba por la cintura. Aquello era muy simpático porque después, con el transcurso de los años, ya con el pelo largo, Polo se molestaba cuando alguien venía a la casa y le decía cualquier cosa, pensando que él era una niña. Oiga, se sacaba «la cosita», por debajo del short, y se la mostraba. Bueno, aquello le costó varios regaños de mi mamá, pero como lo hacía en defensa de su hombría, a la larga siempre le perdonaban la falta. Exactamente a los siete años lo pelaron.
Luis Borrego Linares
(hermano de Polo)
Yo tenía ocho años cuando Polo nació. Vivíamos en un caserío perteneciente al municipio de Bahía Honda, luego nos mudamos para Candelaria, a la finca el Cusco, monte adentro.
A Polo siempre le llamamos Polo, inclusive otros le decían Pile, Polai o Poline. A toda la familia nos apodaban los Cobiero, nunca he sabido por qué, pero era así. Muchos hermanos y los mayores, sobre todo, tuvimos que trabajar duro para ayudar a nuestros padres. Los más pequeños tuvieron otra situación. Ya la vida no era tan asfixiante.
En mi familia, desde los tiempos de la juventud de mis padres y mis tíos, siempre hubo tradición musical. Eso nos viene por los Borrego. A nosotros se nos unió otra familia muy entusiasta de la vecindad, era de apellido Romero, y esto nos consolidó en el arte, y para muchos miembros de las dos familias los consolidó en la vida. Surgieron diversas parejas que han defendido el arte y la vida hasta hoy.
Paula Borrego Linares
De niño Polo fue muy travieso, amigo de hacer maldades. Era juguetón y siempre andaba cantando. Cantaba más que un sinsonte. A veces, cuando no se sabía la letra de las canciones, las inventaba con el mismo ritmo melódico. Sin embargo, por encima de todo, Polo era un niño con sentimientos muy nobles.