«Porque por fe andamos, no por vista», dice la Escritura en 2 Corintios 5.7. En el mundo, con tantos desafíos que actualmente experimentamos, todo cristiano necesita desarrollar una fe viva, poderosa y centrada en Cristo; viva porque debe ser ejercitada diariamente, poderosa porque debe vencer cualquier obstáculo que se presente, y centrada en Cristo porque debe estar fundamentada en las Sagradas Escrituras para que podamos triunfar. Desde Génesis hasta Apocalipsis, el mensaje central de la Palabra de Dios es la redención de Cristo por medio de la fe en su sacrificio expiatorio en la cruz del Calvario. Somos llamados a poseer una fe poderosa en tiempos difíciles, tales como los que estamos viviendo hoy como Iglesia. En un intento feroz de destruir nuestras convicciones, en la esfera espiritual, fuerzas satánicas desafían diariamente nuestro caminar con Cristo. Cada día somos confrontados en nuestra mente, corazón y espíritu, mediante las artimañas de filosofías humanas contrarias a la Palabra de Dios que producen un fuerte embate en relación con lo que creemos. El gran apóstol Pablo ya nos decía en Colosenses 2.8: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo».
Libros huecos y vacíos que desafían el cristianismo están a la orden del día; los herejes llenos de sutilezas y palabras suaves intentan desviar de la fe a los débiles que se dejan influenciar por ellos. Toda tradición del hombre basada en filosofías, religiones y sectas, alejadas del cristianismo, carece de los principios establecidos por Dios en su Palabra; éstas son los «rudimentos del mundo» a los que se refiere el versículo, producidas por mentes vacías y sin Cristo, que están solas, tristes y confundidas, bajo influencias satánicas para torcer, engañar y llevar a la perdición aquellos que NO CONOCEN LA VERDADERA FE EN CRISTO. Todos ellos relegan las enseñanzas del Señor Jesucristo a un segundo plano, prometiendo libertad en sus filosofías e ideología, pero ellos mismos son esclavos de sus propias concupiscencias y pecados. Los falsos maestros califican como «iluminación» a sus enseñanzas, mientras ellos mismos están bajo densas tinieblas espirituales, son engañados por el diablo que mantiene cautiva su alma. Nosotros los cristianos debemos estudiar la Palabra de Dios diariamente, de esto dependerá el progreso de nuestra FE, en profundizar diariamente en la Verdad que se encuentra en la Biblia. Allí encontraremos la sabiduría necesaria para experimentar una vida de FE victoriosa delante de todos los desafíos que el «mundo» nos pueda traer. Su autoridad y poder no tiene igual, ella es capaz de quebrar toda astucia satánica y humana por medio de la unción de sus divinas e inspiradas páginas. Nuestra fe debe estar firme, basada y cimentada en la Palabra de Dios, de esta manera, no resbalaremos ni claudicaremos jamás, como está escrito en Hebreos 6.19: «La cual tenemos como segura y firme ancla del alma».
Cuando escribí mi primer libro El poder de la Palabra de Dios, mi intención fue que el pueblo de Dios, la Iglesia, comprendiera la necesidad que tenemos de profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia. Con el segundo, Heme aquí, Señor, envíame a mí quise, con toda mi alma, llevar a la iglesia de Cristo a que llore con el corazón de Dios al comprender la importancia de la evangelización y de las misiones por el planeta; y que se comprometieran con esta tarea aún no terminada. En el tercero, La crisis en la familia de hoy, mi prioridad fue que el matrimonio cristiano conozca la responsabilidad que tienen en el hogar ambos miembros de la pareja, así como la importancia de que junto con sus hijos mantengan una familia saludable, madura, sólida y feliz, por medio de los principios inmutables establecidos en la Palabra de Dios. En este, mi cuarto libro La fe que mueve la mano de Dios, mi propósito es desarrollar tanto su potencial como su crecimiento espiritual por medio de la fe, que a su vez fortalecerá todas las áreas de su vida. Usted conocerá experiencias tanto mías como de otros hombres y mujeres de Dios que le bendecirán; el objetivo se logrará mediante el fundamento de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo pondrá las bases para que reciba una fe invencible. Mediante este libro el Señor le conducirá a un nivel extraordinario de fe, valor y confianza en Cristo. La Escritura nos dice claramente en Hebreos 12.2: «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Toda fe verdadera que moverá la mano de Dios a nuestro favor está centralizada en Cristo, de ahí fluye su Espíritu para los diversos aspectos y áreas de nuestras vidas, seamos líderes, ministros o simplemente cristianos que le sirven fielmente con sus familias año tras año en sus congregaciones.
Es su poder el que fortifica nuestra fe y nos lleva a madurar cada día en nuestro carácter por medio de pruebas espirituales o físicas que Él permite para que podamos crecer por medio de su Palabra. La fe victoriosa mira más allá de las circunstancias del momento, pero se aferra a lo que sucederá cuando es aplicada confiadamente sin vacilar en la Palabra de Dios. Este tipo de fe no titubea ante las apariencias contrarias a lo que vemos, sino que mira con la certeza de lo que no vemos en el mundo espiritual. Esta fe no se basa en las derrotas aparentes cuando parece que todo se desmoronará, sino que mira, cree y confiesa la victoria aun cuando en el mundo físico no se ve, mas cree que ya está hecha en lo espiritual, porque esta FE sabe que el mundo espiritual fue creado antes que el mundo físico.
Estoy seguro de que las páginas de este libro le bendecirán grandemente, le llevarán a usted y su familia a obtener lo que está esperando. Si pone en práctica, en espíritu de oración y discernimiento lo que Dios le dirá en los siguientes capítulos, recibirá la