Daguerrotipo de Henry David Thoreau (Benjamin D. Maxham, 1856)
Este libro está dedicado a la escritora Marian Edelman Borden. Cuando la llamé para informarle sobre este proyecto, me dio la enhorabuena y me dijo: «Vaya. El escritor que se encargó de Eso no está en mi libro de historia americana solo tuvo que ocuparse de trescientos años. Tú tienes que cubrir toda la eternidad».
Desde entonces me apoyó en todas las etapas del camino. Gracias, Marian.
Título original: That’s Not in My Science Book
Kate Kelly, 2006
Traducción: David Cruz
Editor digital: Titivillus
Primer editor: jandepora
Reporte de erratas: Caroliread, heutorez
ePub base r2.1
Notas
[1] Nota de los editores: Kate Kelly publicó esta obra en 2006, antes de la «crisis» que supuso la pandemia de gripe A H2N1 de 2009 en humanos, conocida popularmente como gripe porcina. En abril de 2009 se detectó un brote de gripe en México, que causó más de 20 muertes. El primer caso se detectó el 28 de marzo, según la conferencia de prensa ofrecida el 23 de abril del 2009 por la doctora Nancy Cox. Poco después, se conoció que su causa no era debida a un virus exclusivamente porcino, sino a una nueva cepa de virus de gripe A H2N1 que contenía material genético combinado de una cepa de virus de gripe humana, una cepa de virus de gripe aviar, y dos cepas separadas de virus de gripe porcina. El 11 de junio de 2009 la OMS la clasificó como de nivel de alerta seis; es decir, «pandemia en curso». El 10 de agosto de 2010 anunció el fin de la pandemia, 14 meses después y tras haber dado la vuelta al mundo. La pandemia tuvo una mortalidad baja dejando tras de sí unas 19 000 víctimas.
[2] El 24 de agosto de 2006 el comité de la IAU determinó la definición definitiva de planeta como sigue: «Cuerpo celeste que (a) orbita alrededor del sol, (b) tiene masa suficiente para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma en equilibrio hidrostático (prácticamente esférica) y (c) ha limpiado la vecindad alrededor de su órbita». Con esta resolución se constata que solo hay ocho planetas en el sistema solar y que Plutón, así como Ceres y Eris - UB313, son considerados planetas enanos. (N. del T).
PARTE CINCO
Un vistazo al futuro
PRIMERA PARTE
Los secretos de la tierra revelados
SEGUNDA PARTE
Descubrimientos científicos que han cambiado nuestras vidas
«Es terrible pensar que la vida esté a merced de la multiplicación de estos cuerpos diminutos, es una esperanza consoladora que la ciencia no siempre estará indefensa ante tales enemigos». Louis Pasteur, conferencia dada ante la Academia Francesa de las Ciencias el 29 de abril de 1878.
Pasteur y Mechnikov, con los niños curados de la rabia.
Este libro explica en un lenguaje divulgativo y cercano muchas de las maravillas tecnológicas realmente extrañas que nos rodean y cuya existencia y funcionamiento, sin embargo, damos por sentado. También se explican leyes de la naturaleza que sirven como base para nuestra vida en la tierra. Pero junto a estas descripciones claras, concisas y divertidas de los descubrimientos importantes que forman la base de nuestro conocimiento científico —mecánica Newtoniana, la teoría de Einstein sobre la relatividad, la teoría de la evolución…—, uno de los grandes aciertos de este libro es el de relatar las historias científicas de esos mismos hallazgos con todos los ingredientes que han quedado ocultos entre las grandes páginas de la ciencia. ¿Por qué importa el descubrimiento de la tabla periódica de elementos? ¿Y cómo se llegó al desarrollo de drogas milagro tales como la aspirina y la penicilina? ¿Qué hubo detrás de la invención de la televisión? ¿Quién estuvo detrás de las predicciones de terremotos o de la génesis del Internet? Y así, con numerosos fenómenos científicos no tan conocidos pero quizás de igual o mayor aplicación en nuestra vida diaria. Un libro fundamental para los que quieren acercarse a la Ciencia y para aquellos que ya la aman.
TERCERA PARTE
Asombrosos descubrimientos que cambiaron nuestra visión del universo
La visión de Copérnico sobre el universo en la obra De revolutionibus orbium coelestium .
Kate Kelly
Eso no está en mi libro de ciencias
Secretos y hechos poco conocidos de la ciencia que cambiaron nuestras vidas
ePub r1.3
Titivillus 09.10.2019
10
La revolución copernicana
UNA HISTORIA DE CUATROCIENTOS AÑOS
Cuando pensamos en una revolución, tendemos a pensar en un momento definido en el que todo cambia. Sin embargo, al examinar una revolución de cerca, puedes ver que de hecho tiende a ser lenta en llegar y que conduce a un complejo reordenamiento del pensamiento. Lo que llamamos revolución copernicana es un perfecto ejemplo de esto. Aunque Copérnico realizó la mayor parte de su trabajo a principios del siglo XVI, su revolución de hecho comienza en el siglo II a. C., salta hasta el siglo XVI, donde toma velocidad, y finalmente «descansa» en 1992, durante el siglo XX.
En cuanto a la revolución, ¡vaya historia! Concierne al propio Copérnico, por supuesto, así como a otros científicos famosos, un filósofo, la Iglesia Católica, al sol y a todos los planetas que se conocían en el siglo XVI. Engaños, política y el castigo de dos discípulos de Copérnico —uno sufrió arresto domiciliario y el otro fue quemado en la hoguera (aunque para ser honestos, la filosofía copernicana solo fue una parte de las causas de su muerte)— son parte de esta fascinante historia.
Pero para entender por qué se le concede a Copérnico el nombre de una revolución, tenemos que retroceder en la historia y entender la percepción que se tenía del universo. Aunque no tenían instrumentos para observar el cielo, los antiguos griegos habían identificado varios planetas y sabían que viajaban a través del cielo (la palabra planeta proviene de la palabra griega que significa «errante»). Para explicar lo inexplicable, la gente creaba mitos, y así los griegos explicaban el movimiento del sol diciendo que el dios griego Helios se despertaba con el cacareo de los gallos y conducía un carro de fuego tirado por cuatro caballos a través del cielo cada día. Cuando alcanzaba su palacio en el oeste, usaba un bote dorado para cruzar el océano hasta su palacio oriental. Así repetía el mismo viaje al día siguiente.
El mito fue finalmente reemplazado por la ciencia. El estudio de los cielos, que pronto se llamaría astronomía, fue una de las primeras ciencias en desarrollarse. La gente comenzaba a comprender que los movimientos en el cielo eran predecibles y que por lo tanto podían estudiarse. También comprendieron que las observaciones de las fases de la luna podían anotarse —y predecirse— con un calendario.