Título original: Becoming. Adapted for Young Readers
Edición en formato digital: marzo de 2021
© 2021, Michelle Obama
Todos los derechos reservados. Publicado en Estados Unidos por Delacorte Press, un sello de Random House Children’s Books, una división de Penguin Random House LLC, Nueva York
© 2021, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona
© 2018, 2021, Carlos Abreu Fetter, Efrén del Valle Peñamil, Gabriel Dols Gallardo, Marcos Pérez Sánchez, por la traducción
Esta obra está basada en Mi historia, © 2018, Michelle Obama, publicado por Crown, un sello de Random House Publishing Group, una división de Penguin Random House LLC, Nueva York, en 2018
Diseño de portada: Christopher Brand
Fotografía de portada: Miller Mobley
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ISBN: 978-84-18594-38-0
Composición digital: M.I. Maquetación, S.L.
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Índice
A todos los que me han ayudado a ser lo que soy:
las personas que me criaron, Fraser, Marian y Craig,
y mi numerosa familia;
mi círculo de mujeres fuertes, que siempre me levantan;
y mis leales y devotos empleados,
que siguen haciendo que me sienta orgullosa.
A los amores de mi vida:
Malia y Sasha, mis garbancitos más queridos
y mi razón de ser,
y a Barack, que siempre me prometió un viaje interesante.
NOTA A LOS LECTORES
Cuando inicié el proceso de escribir este libro, no estaba segura de la forma que acabaría tomando, y menos aún de cuál sería su título. Lo que sí sabía era que quería ser sincera, también en esta edición para jóvenes lectores. Mientras crecía en el South Side de Chicago en los años sesenta y setenta, mis padres, Fraser y Marian Robinson, nunca nos ocultaron nada a mi hermano Craig y a mí. Nunca endulzaron las verdades difíciles ni presentaron la realidad como lo que no era, porque sabían que lo soportaríamos. Quiero ofrecerte ese mismo respeto.
Prometo contar mi historia con toda su desordenada gloria, desde el día en que lo pasé mal con una pregunta delante de mi clase de la guardería, pasando por mi primer beso y las inseguridades que sentí al ir creciendo, hasta el caos de una campaña política y la extraña experiencia de estrechar la mano de la reina de Inglaterra.
Pero espero que no te dejes deslumbrar por el resplandor de la Casa Blanca, porque las partes más importantes de mi historia no son los vestidos de baile ni las cenas de Estado, sino las pequeñas cosas: la manera en que mi abuelo sonreía cuando ponía su disco favorito en el tocadiscos, el olor de nuestra casa cuando mi madre hacía limpieza cada primavera, el sonido de un raspador para hielo en la ventana del coche en pleno invierno en Chicago.
Durante el proceso de escritura, me di cuenta de que ningún recuerdo es demasiado pequeño. Cada pedacito de nuestra historia tiene su importancia. Algunos recuerdos pueden traer consigo una punzada de dolor, sobre todo los que ocurren cuando somos jóvenes. Aún puedo sentir el bochorno cuando fracasé delante de mi clase siendo muy niña. Aún puedo sentir el nudo en el estómago cuando alguien dudó de mí. Aún puedo sentir el dolor y el vacío de perder a mis seres más queridos. En algún momento, todos experimentamos un dolor que no podemos solucionar por nuestra cuenta.
Pero esos puntos flacos —los que más nos esforzamos por ocultar— son muchas veces las partes de nosotros que más merece la pena compartir. Los sentimientos de incomodidad y de frustración son señales de que estamos esforzándonos por descubrir las mayores verdades sobre nosotros mismos. Cuando echo la vista atrás sobre mi propia vida, veo que solo gracias a esos momentos de gran dificultad fui capaz de encontrar la fuerza para hacer cambios o para esforzarme aún más por saber quién quería ser.
No solemos sentirnos cómodos contándoles a los demás esta clase de cosas. Lo que más nos preocupa suele ser lo que yo llamo nuestras estadísticas: nuestras notas, nuestros logros deportivos, los pantalones vaqueros que nuestra familia se puede permitir comprar. Pero, en realidad, lo más importante es nuestra historia, nuestra historia completa, incluidos esos momentos en que nos sentimos un poco vulnerables. Muy a menudo, cuando compartimos esa parte de nuestra historia es cuando vemos la belleza no solo en nuestra propia trayectoria, sino en la de los demás.
Espero que, mientras lees mi historia, pienses también en la tuya, porque ese es el mejor regalo que jamás tendrás. Los golpes y los moratones, las alegrías, los triunfos y las carcajadas; todo eso se combina para hacer de ti quien eres. Y quien eres no es algo estático e invariable. Cambiará cada día y cada año, y ninguno de nosotros sabe qué forma acabará tomando nuestra vida. En eso consiste nuestra historia. Y, como a ti, a mí aún me queda mucha historia por vivir.
PREFACIO
Marzo de 2017
Cuando era niña, mis sueños eran simples. Quería un perro. Quería una casa con escalera, de dos plantas para una familia. Por alguna razón, quería una furgoneta de cuatro puertas en lugar del Buick de dos que era el tesoro de mi padre. Siempre decía a la gente que cuando fuese mayor sería pediatra. ¿Por qué? Porque me encantaban los niños y no tardé en darme cuenta de que era una respuesta gratificante para los adultos. «¡Ah, médico! ¡Qué buena elección!» Por aquel entonces llevaba coletas, mangoneaba a mi hermano mayor y, costara lo que costase, sacaba siempre sobresalientes en el colegio. Era ambiciosa, aunque no sabía exactamente a qué aspiraba. Ahora creo que es una de las preguntas más inútiles que un adulto puede formular a un niño: «¿Qué quieres ser de mayor?». Como si en algún momento te convirtieras en algo y ahí se acabara todo.
Hasta el momento he sido abogada. He trabajado como subdirectora de un hospital y como directora de una organización sin ánimo de lucro que ayuda a gente joven a labrarse una carrera profesional seria. He sido estudiante negra de clase trabajadora en una elegante universidad cuyo alumnado es mayoritariamente blanco. He sido la única mujer, la única afroamericana, en lugares de todo tipo. He sido novia, madre primeriza estresada e hija desgarrada por la tristeza. Y hasta hace poco fui la primera dama de Estados Unidos. Ser primera dama fue para mí un desafío y una lección de humildad, me elevó y me empequeñeció, a veces todo al mismo tiempo. Apenas he empezado a procesar lo sucedido durante estos últimos años, desde que en 2006 mi marido planteó la posibilidad de aspirar a la presidencia hasta donde estamos ahora. Ha sido un viaje trepidante.