La misión de Editorial Vida es proporcionar los recursos necesarios a fin de alcanzar a las personas para Jesucristo y ayudarlas a crecer en su fe.
UNA INVITACIÓN AL SILENCIO Y A LA QUIETUD
Edición publicada en español por Editorial Vida - 2008
© 2008 Editorial Vida
Miami, Florida
Publicado en ingles bajo el título:
Invitation to Solitude and Silence
por InterVarsity Press
© 2004 de Ruth Haley Barton
Traducción: Silvia Himitian
Edición: Virginia Himitian
Diseño interior: Pablo Snyder & Co.
Diseño de cubierta: Pablo Snyder
Reservados todos los derechos. A menos que se indique lo contrario, el texto bíblico se tomó de la Santa Biblia Nueva Versión Internacional. ©1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
Edición en formato electrónico © octubre 2015: ISBN 978-0-8297-5627-2
Categoría: Vida cristiana / Crecimiento espiritual
08 09 10 11 6 5 4 3 2 1
CONTENIDO
A aquellos que me han permitido tener el privilegio de acompañarlos en su travesía hacia la soledad y el silencio. Sus rostros, sus preguntas y sus anhelos me han mantenido en fidelidad al desafío de poner en palabras aquello que está más allá de las palabras.
Blaise Pascal, el destacado científico, cristiano y teólogo del siglo diecisiete, señala en sus Pensees [Pensamientos] (sección 136) que «toda la infelicidad de los hombres surge de un solo hecho: no pueden permanecer en silencio en su propio cuarto». La razón de esta incapacidad, según él lo descubre, es «la natural pobreza de nuestra condición endeble y mortal, tan miserable que nada nos puede reconfortar al respecto cuando pensamos detenidamente en ella». Para no «pensar detenidamente en ella», nos inclinamos a lo que Pascal llama «diversión» para distraer la mente de nosotros mismos:
He aquí que la gente ama tanto el ruido y el movimiento; de ahí que la prisión implica un castigo muy horrible; he aquí que el placer de la soledad es algo que nos resulta imposible de abarcar.
Pascal también observa que nosotros tenemos «otro instinto secreto, un remanente de la grandeza de nuestra naturaleza original, que nos enseña que la felicidad en realidad consiste solo en la quietud, y no en la agitación bulliciosa». Ese instinto entra en conflicto con la tendencia a la diversión y entonces desarrollamos la confusa idea que lleva a la gente a apuntar al descanso a través de la agitación, «y a fantasear siempre con que la satisfacción que no ha logrado vendrá si, superando todas las dificultades que la confrontan, logra abrir a través de ello la puerta que conduce al descanso».
Por supuesto constituye una falacia pensar que uno solo necesita más tiempo. A menos que encontremos una solución más profunda, esa «mayor cantidad de tiempo» se llenará del mismo modo en que el tiempo que ya tenemos. El camino a la liberación y el descanso se halla a través de tomar una decisión y encarar una práctica.
La decisión es dejar el mundo y nuestra suerte, incluyendo la reputación y el «éxito», en las manos de Dios. No se trata de tomar la decisión de no actuar para nada, aunque en algunas situaciones puede resultar así. Es más bien una decisión que tiene que ver con cómo actuar: actuaremos en dependencia de Dios. No nos haremos cargo de los resultados. Haremos nuestra parte, por supuesto, pero esa parte estará marcada siempre por un sentido de quién es Dios, y no de quiénes somos nosotros.
La decisión de entregarle el mundo y nuestra suerte a Dios va en sentido contrario de todo lo que tenemos adentro y de todo lo que nos rodea. Hemos sido contenidos por una sistema de conducta que ya estaba aquí antes de que nosotros llegáramos y que se cuela en cada poro de nuestro ser. Pablo nos dice que «ya existía el pecado en el mundo» aun antes de promulgarse la ley. Eso nos conforma internamente y nos presiona externamente. Por lo tanto, debemos aprender a elegir las cosas que van de acuerdo con las acciones de la gracia de Dios que nos ayudan a evadir o escaparnos del sistema. Estas cosas constituyen las disciplinas de la vida en el Espíritu, bien conocidas a través de la historia del cristianismo, pero muy evitadas e incomprendidas. Para aquellos que no entienden nuestra situación desesperada, estas disciplinas parecen extrañas o aún dañinas. Pero resultan absolutamente necesarias para aquellos que desean encontrar descanso para sus almas en Dios y no llevar la vida de distracciones que Pascal describe tan adecuadamente.
La soledad y el silencio constituyen las disciplinas espirituales más radicales porque son las que atacan más directamente los orígenes de la miseria y el mal humanos. Quedar en soledad es elegir no hacer nada. Por largos períodos. Es renunciar a todo lo que pueda ser realizado. El silencio es necesario para completar la soledad, porque hasta que no entramos en quietud, el mundo todavía nos tiene en sus manos. Cuando entramos en la soledad y el silencio, dejamos de hacerle demandas a Dios. Nos basta con que Dios sea Dios y nosotros suyos. Descubrimos que tenemos un alma, que Dios está aquí, y que este mundo es «el mundo de nuestro Padre».
Este conocimiento de Dios va reemplazando progresivamente a este asunto de agitación y sentido de la importancia propia que mueve a la mayoría de los seres humanos, incluyendo a los religiosos. Llega a poseernos independientemente de dónde nos hallemos. «Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él» (Colosenses 3:17). La soledad y el silencio no son un trabajo más. Realmente no son algo que podamos planear hacer. Son algo en lo que nos convertimos. Todavía necesitamos cultivar la soledad y el silencio, yéndonos solos, de tiempo en tiempo, para quedarnos en quietud. Pero los llevamos con nosotros dondequiera que vayamos.
Dentro de un contexto contemporáneo (especialmente dentro del contexto religioso) es necesario que alguien nos hable sobre la soledad y el silencio, solo para que conozcamos su existencia. Precisamos luego que alguien nos diga que está bien introducirnos en ellos. Alguien tiene que explicarnos cómo hacerlo, qué sucederá cuando lo hagamos, y cómo continuar a partir de allí. Para Ruth Barton, ese alguien fue su guía espiritual. Ahora Ruth nos lo explica a nosotros.
Si realmente queremos conocer el «reposo especial para el pueblo de Dios» (Hebreos 4:9), entonces tenemos que dejarle los resultados a Dios y entrar en la práctica de la soledad y el silencio con Ruth Barton como guía. Al hacerlo, roguémosle a Jesús que esté con nosotros, y confiemos en él. En su momento llegaremos a conocer el descanso para nuestras almas que él prometió a los que son mansos y humildes de corazón. Y este se convertirá en el fundamento simple e inconmovible de nuestra vida y de nuestra muerte.
Dallas Willard
En ocasiones, la fortaleza de la comunidad espiritual radica en el amor de la gente que se abstiene de caer en la trampa de intentar solucionar todas nuestras cosas, que ora por nosotros y nos permite atravesar el sufrimiento de nuestro propio desierto, de nuestros deseos, de modo que podamos arraigarnos más profundamente en Dios.
ROSEMARY DOUGHERTY
A pesar de que nuestro recorrido por la soledad y el silencio es solitario, emprendemos el camino junto con una comunidad más amplia integrada por aquellos que ya han estado allí antes y por los que comparten la marcha con nosotros ahora. Estos son los que nos apoyan cuando aceptamos la invitación que Dios nos hace. Son los que nos alientan a continuar. Ellos nos ponen en las manos de Dios con fidelidad y luego nos reciben de regreso a su grupo con reverencia y atención a lo que hayamos recibido de Dios en aquel lugar solitario. A estos compañeros de viaje deseo expresarles mi gratitud.
Página siguiente