Lo hizo por ti
MAX LUCADO
Betania es un sello de Editorial Caribe, Inc.
© 2002 Editorial Caribe, Inc.
Una división de Thomas Nelson, Inc.
Nashville, TN—Miami, FL, EE.UU.
www.caribebetania.com
Título en inglés: He did this Just for You
© 2000 Max Lucado
Publicado por Word Publishing
A menos que se señale lo contrario, todas las citas
bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera 1960
© 1960 Sociedades Bíblicas Unidas en América Latina.
Usadas con permiso.
Traductor: Guillermo Vásquez
ISBN: 0-88113-677-8
ISBN: 978-0-88113-677-7
Tipografía de la edición castellana:
A&W Publishing Electronic Services, Inc.
Reservados todos los derechos.
Prohibida la reproducción total
o parcial en cualquier forma,
escrita o electrónica, sin la debida
autorización de los editores.
Impreso en EE.UU.
Printed in U.S.A.
10a Impresión, 2/2010
CONTENIDO
La Parábola
El anhelo de Dios para ti
La promesa
El don de Dios para ti
El Privilegio
La invitación de Dios para ti
Epílogo
Lo hizo por ti
Querido amigo:
Cuando piensas en la cruz, ¿qué pensamientos vienen a tu mente? ¿Campanarios? ¿Collares de oro? ¿Iglesias?
¿O tus pensamientos son más intensos y vienen a tu mente palabras como estas: Jesús. Clavos. Sangre. Dolor. Muerte. Tumba. ¿Tumba? ¡Sí, vacía! Gozo. Promesa. Vida. ¡Salvador!
Ah, las palabras de la cruz, están tan llenas de sufrimiento. Tan llenas de pasión. Tan llenas de promesas. Las promesas de Dios, sus promesas para ti. ¡Sus promesas de hacer lo que sea necesario para salvar tu alma!
A propósito, allí es donde están sus pensamientos. Él está pensando en ti. Y mientras reflexionas en la cruz, Él quiere que sepas lo que hizo por ti. ¡Lo hizo por ti!
Bendiciones,
Max Lucado
La Parábola
EL ANHELO DE DIOS PARA TI
«Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
más tenga vida eterna. Porque no envió Dios
a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para que el mundo sea salvo por él». (Juan 3.16,17)
La Parábola
EL ANHELO DE DIOS PARA TI
M adeline, de cinco años de edad,saltó a las rodillas de su padre.
—¿Comiste lo suficiente? —le preguntó él.
Ella sonrió y se golpeó suavemente labarriga.
—No puedo comer más.
—¿Te dieron pastel de la abuelita?
—¡Un gran pedazo!
Joe miró a su madre que estaba al otro ladode la mesa.
—Parece que estamos todos satisfechos. Nopodremos hacer nada más esta noche que no seairnos a la cama.
Madeline puso sus pequeñas manitas a loslados de la cara de su padre.
—Pero papi, hoy es Nochebuena. Dijiste quepodríamos bailar.
Joe fingió no acordarse.
—¿Dije eso? Porque no recuerdo haberdicho nada sobre bailar.
La abuelita sonrió y pasó su mano por lacabeza de la niña mientras empezaba a recogerlas cosas de la mesa.
—Pero papi —rogó Madeline—, nosotrossiempre bailamos en Nochebuena. Solo tú y yo,¿recuerdas?
Una sonrisa se dibujó bajo el grueso bigotedel padre.
—Por supuesto que lo recuerdo, querida. ¿Cómo podría olvidarlo?
Y diciendo eso, se puso en pie, tomo sumanita en la suya y, por un momento, solo porun momento, su esposa estaba viva de nuevo ylos dos entraban en el cuartito para pasar juntosotra Nochebuena como otras tantas que habíanpasado, bailando hasta la madrugada.
Habrían podido bailar el resto de sus vidas,pero vino el sorpresivo embarazo y lascomplicaciones. Madeline sobrevivió pero sumadre no. Y Joe, el rudo carnicero deMinnesota, se quedó solo para criar aMadeline.
—Ven papi —le dijo, tirándole de lamano—. Bailemos antes de que lleguen.
Ella tenía razón. Pronto sonaría el timbrede la puerta y los familiares llenarían la casa yla noche sería ya algo del pasado.
Pero por ahora, solo estaban papi yMadeline.
EL MARAVILLOSO AMOR DE DIOS
El amor de un padre por su hijo es una fuerza poderosa. Piensa en la pareja con su bebé recién nacido. El niño no le ofrece a sus padres absolutamente nada. Ni dinero, ni habilidades, ni palabras de sabiduría. Si tuviera bolsillos, estarían vacíos. Ver a un bebé acostado en su camita es ver a un indefenso. ¿Qué tiene para que se le ame?
Lo que sea que tenga, mamá y papá lo saben identificar. Si no, observa el rostro de la madre mientras atiende a su bebé. O la mirada del papá mientras lo acuna. O trata de causar daño o hablar mal del niño. Si lo haces, te vas a encontrar con una fuerza poderosa, porque el amor de los padres es una fuerza poderosa.
En una ocasión Jesús dijo que si nosotros los humanos somos capaces de amar así, cuánto más no nos amará Dios, el Padre sin pecado y generoso. Pero, ¿qué ocurre cuando el amor no es correspondido? ¿Qué le ocurre al corazón del Padre cuando el hijo se va?
La rebeldía atacó el mundo de Joe como unaventisca a Minnesota.
Cuando ya tenía edad suficiente como paraconducir un automóvil, Madeline decidió queera suficiente mayor como para dirigir su propiavida. Y esa vida no incluía a su padre.
«Debí habérmelo imaginado», diría Joe mástarde, «pero por mi vida que no lo hice». Nohabía sabido qué hacer. No sabía cómo vérselascon narices con aretes ni con blusas apretadas.
No entendía de trasnochadas ni de malas notas.Y, lo que es peor, no sabía cuándo hablar ycuándo guardar silencio.
Ella, por otro lado, lo sabía todo. Cuándohablar a su padre: Nunca. Cuándo quedarsecallada: Siempre. Sin embargo, las cosas eran alrevés con su amigo de la calle, aquel muchachoflacucho y tatuado. No era un muchacho bueno,y Joe lo sabía.
No iba a permitir que su hija pasara laNochebuena con ese muchacho.
«Pasarás la noche con nosotros, señorita. Comerá el pastel de la abuelita en la cena en sucasa. Celebraremos juntos la Nochebuena».
Aunque estaban sentados a la misma mesa,perecían que estaban en puntos distintos de laciudad. Madeline jugaba con la comida sindecir palabra. La abuela trataba de hablar a
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